17 de abril de 2017

AVALANCHA HUMANA

Suele ocurrir de año en año: No más la Primavera asoma su gracioso piececito (cual Cenicienta enajenada) por estos lares,  dos fenómenos paralelos pero no contrarios se manifiestan en ellos. Abril, a pesar de los malos augurios que T. S. Elliot pronosticara sobre él, nos ofrece la realidad de esos hechos, tan significativos como beneficiosos para quienes habitamos en la vieja piel de toro que es nuestro país.
El primero se manifiesta de forma religiosa o devota; el segundo, más terrenal, con apariencia de idolatría. Juntos, toman la exteriorización de tsunami humano, de avalancha gigantesca que desborda el lugar donde aparece.
Como algunos ya habrán imaginado hablo de la Semana Santa y del sol. España se moviliza en estos días como si absorbiera por entero el tan recordado “espíritu cristiano de occidente”, a favor de una liturgia especial donde el barroco impone sus normas, la Iglesia su dirección y los humanos el fervor que llaman popular. Las imágenes embellecidas hasta límites insospechados, con exceso de oros y platas, bellas flores y ardientes costaleros, inundan las calles de nuestras ciudades en un afán de superación amorosa digna de estudio. Los cofrades lloran, sudan, sufren si les sale mal, se agitan y tratan de que su Señor o su Virgen sea la más aclamada de toda la semana en cuestión.
Los fieles espectadores, atentos al redoble del tambor, corren y buscan el lugar exacto donde poder emocionarse con la belleza y el adiestrado movimiento de los costaleros, con la altura desde la que su imagen preferida parece hablarles solo a ellos, mirarlos, agradecerles su presencia.      
Constato que la Semana Santa española, y en especial la andaluza, está en alza, más en auge que nunca, quizás porque los tiempos de hoy son más propicios a la fe que los anteriores de excesivo bienestar económico y material. Tal vez porque cuando las temperaturas suben los ánimos se enaltecen y las acompañan en su recorrido. Sea como fuere, Marbella en concreto es como una enorme riada de peregrinos que buscan la devoción y de paso…un poco de idolatría al segundo factor del que vengo hablando:
El Sol. Lo escribo con mayúsculas porque así deben sentirlo ellos, los que si pudieran lo beberían a sorbos en el caso de que fuera líquido. Los adoradores empecinados que queman sus pieles en su fuego, como si alguien pudiera robárselo, como previendo que un día de golpe pueda enfadase y decir “au revoir” para siempre.
Playas hacinadas que dan la impresión de que agosto se hubiera adelantado. Familias completas con todos los artilugios que necesitan para el mar y la arena. Tempraneros que buscan el primer puesto cerca de la orilla, flotadores, pelotas, bikinis  por doquier.
La sensación maravillosa de poder contar al volver lo hermoso del paso del Nazareno y la agilidad de la legión junto al bronceado anticipado para presumir ante los amigos. Todo en uno, como las ofertas. Si para lograrlo hay que esperar dos horas de pié en una callecita el paso de los tronos, y resistir el frío del agua del mar cuando la piel quemada exige un baño, se espera y se resiste. Nuestra devoción beatífica va en consonancia con los rayos de sol y los grados de temperatura.
Al fin y al cabo algunos, los llamados panteístas, encuentran la divinidad en la naturaleza. No están, desde luego, muy lejanos el uno de la otra; ¿por qué el santo de Asís podía ver a Dios en un lirio del campo y nosotros no vamos a poder hacerlo en un montoncito achicharrado de arena?
En la noche estrellada de Sevilla o Málaga, el azahar pone su punto de olor para que todo parezca extraído del cielo. Nadie puede soportar incólume la conjunción de placeres ensamblados. Una saeta, el sonido del tambor lejano, los niños nazarenos felices, el rayo del sol que se siente en el rostro, una torrija y un pequeño vaso de vino dulce, son la antesala del paraíso…al menos del terrenal que dicen que perdimos.
Marbella ofrece su sol y unas temperaturas extras. La Iglesia sus imágenes dolientes pero bellamente engalanadas, y el personal añade su fe o su imaginación. Cada uno, al fin y al cabo, es dueño de su mente.
                                                                                              
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista)

5 de abril de 2017

ZONA AZUL

Confieso que soy defensora acérrima de lo que mi hijo, arquitecto, llama urbanismo y ciudades sostenibles, entendiéndolo como algo que no vaya a estropear el eco-sistema en el que nuestras vidas están ubicadas.
Desde ese punto de vista, lo ideal sería que los ciudadanos de hoy nos mentalizáramos en lo provechoso que resulta el movimiento de piernas y pies para movernos de un sitio a otro, como también el uso sustitutivo del automóvil por la sencilla bicicleta, más deportiva, más ligera, y especialmente, menos contaminante.
Ocurrirá en un día no lejano que España se moverá mayoritariamente a golpe de pedaleo constante, y llegaremos a emular a Holanda y Dinamarca, líderes del asunto. Pero mientras eso acaba por triunfar - zoquetes, como a veces somos en toda innovación- las distancias debemos cubrirlas con el coche, y eso parece que siguen pensando los vendedores de los mismos, a tenor de la ingente publicidad que introducen una y otra vez en  televisión y demás medios.       
Ocurre que el vehículo cerrado necesita en un momento dado que se le aparque para realizar gestiones, trabajos diversos, compras, etc…y aquí encontramos el motivo de este pequeño artículo de hoy. Aparcamientos. El eterno problema del conductor. ¿Dónde aparco que no me cueste un riñón? Hace uno o dos años nos ofrecieron la solución, o eso decían.  Zona Azul. Pintadas en el suelo y movilidad del aparcante. Nos parecía lógico, a unos más que a otros, pero solución al fin.

Y hete aquí que con la experiencia llega el tío Paco con sus rebajas. Me explico. Usted pone el coche en un aparcamiento donde funciona la zona azul. Se acerca al parquímetro o monolito para pagar. Se detiene y trata de pensar cuanto tiempo va a tardar en la gestión que le ocupa. Imposible adivinarlo si se dirige, por ejemplo a un centro de la Administración. Allí tienen un cálculo del tiempo distinto y personal. Coloca en el parquímetro lo más de acuerdo con su imaginación. Dos euros, a lo más tres: no voy a tardar tanto…pero tarda un cuarto de hora más, y corre como alma que lleva el diablo hacia su coche. Papel en su parabrisas. Regalo de la zona azul. Multa de 50 euros. Si la paga, antes de no sé cuando, 25. Eso sí, primero deberá ir al Banco o entidad que ellos disponen. Luego a otro a pagarla, siempre en las horas fijadas, ni antes ni después, con cola normalmente. Y con suerte, la gestión que a lo  mejor era intrascendente, se transforma en una semana de idas y venidas, además del robo a su bolsillo.
Extralimitación de funciones. Eficacia exagerada. Robo descarado de la empresa que lleva el asunto este de la zona azul. Una cosa es dejar el coche allí todo el día o toda la mañana y otra el celo de los guardas en  espiar al vehículo pasados los primeros dos minutos de tardanza.  
Eso no es servicio al ciudadano, eso es tomarnos el pelo y recaudar a nuestra costa mientras el Ayuntamiento no licita zonas libres para aparcar aunque sean fuera del centro, sin necesidad del rótulo azul y de la excesiva rapidez del guarda de turno.
Una ciudad que se precie debe contar con suficiente espacio para que los residentes y turistas puedan aparcar sin que les esquilmen, y den mala fama a dicha ciudad.  Los aparcamientos privados poseen unas tarifas de  infarto, y mientras sigan así seguirán como están algunos, vacíos a todas horas.
Imagino que nuestra ciudad habrá hecho un estudio, no solo recaudatorio y de marketing, sino también, de los requisitos que necesita para ser considerada como de primer orden en el Turismo nacional e internacional.  Uno de ellos se relaciona con el aparcamiento.
Y si les parece mejor, pues miren, hagan una campaña mayoritaria, extensiva e impactante a favor de la bicicleta, de sus beneficios, de su carácter ecológico, lo saludable y todo lo que se les ocurra. Empezando por colocar los carriles bici que hacen falta.
Todos nos sentiríamos agradecidos.

                                                                                               

                                                                                              
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

20 de marzo de 2017

MARBELLA ACTIVA

Existe una opinión, más o menos generalizada que consiste en afirmar cómo la mayoría de jóvenes de hoy día suelen ser díscolos, pasotas, y sin más criterio que el proporcionado por las abusivas redes sociales, única opción en la que creen y donde no dejan de actuar.
Puede que tal afirmación proceda en su mayor parte de padres y familias decepcionados por el presente y preocupados por el futuro de quienes son sus herederos y a quienes quisieran imaginar siempre en situación más elevada que la que ellos, en su día alcanzaron.
No creo en dicha afirmación, más que en determinados casos concretos, tristes, desafortunados y de los que, en verdad,  todos conocemos alguno. Pero con estas líneas de hoy quisiera refutar esa idea, añadiendo además pruebas concluyentes. Pruebas que tienen a nuestra ciudad como protagonista y a muchos de los jóvenes que la habitan como ejecutores de un positivismo total.
Hace unos años un grupo de ellos decidieron unirse para crear una asociación sin ánimo de lucro, cuyo nombre encabeza este artículo, y con el proyecto común de revitalizar los organismos, municipales y ciudadanos, en pro de una mayor efectividad en el desarrollo cotidiano de las necesidades de la ciudad junto con una reivindicación de su historia en todos los ámbitos de la misma. En ese sentido han ido trabajando día a día, sin desaliento y con una animosidad efervescente que por calificarla de algún modo, a quien escribe, solo se le ocurre el vocablo de envidiable.
Sus actividades van de lo teórico a lo práctico y abarcan aspectos tan diversos como la Naturaleza, realizando desde recorridos por la montaña, por la diversidad vegetal, por el conocimiento de las aves, hasta el intento de recobrar costumbres lejanas pero muy nuestras, fiestas, folklore, canciones, cocina, y hasta formas de hábitat o de vestuario en lo que ya es una verdadera investigación etnológica, nunca realizada hasta ahora y con ánimo de aumentar en todo lo que sea posible.
Ni que decir tiene que lo primero en hacer fue la búsqueda de hombres y mujeres cuya edad signifique no una carga sino un cúmulo de vivencias y experiencias pasadas, y cuyo interés humano es de una calidad impresionante.
Uno de los últimos logros ha sido la presentación de un libro muy especial, con ilustraciones preciosas, que se ha distribuido a colegios e institutos, y cuyo nombre es “Descubre Marbella y San Pedro”. Indispensable para una integración completa del niño en su medio, en la ciudad que debe conocer desde su balbuceo para aprender a quererla y hacerla mejor. La intención es que  no haya un alumno que desconozca lo esencial de un pueblo privilegiado por su clima pero cuyo contenido es tan bello o más que su continente. Recomiendo vivamente a quien todavía no lo haya visto y leído su posesión inmediata.

Permítanme por una vez poner nombres propios a quienes se les ocurrió y fueron capaces de llevar a término esta idea genial: Javier Lima y David Bailón. Entusiastas al máximo,  generosos y pacientes hasta unos límites que no son muy comunes.
Marbella Activa, convoca también hasta finales de abril su anual concurso de relatos, ayudados por la Fundación del Hotel El Fuerte, siempre con el lema de conocer más la ciudad ya sea su pasado, su presente y hasta, si alguno se atreve, su futuro.
“Mujeres de las Veredas”, un grupo dentro de la asociación, dirigido por Dolores Navarro, organiza sus marchas mensualmente con el objetivo de conocer bien Sierra Blanca, y al mismo tiempo de crear caminos y veredas por donde recorrerlas mejor.
El incombustible Antonio Figueredo, el Feliz R. de la Fuente de los pájaros de la costa desde Marbella hasta Algeciras, el hombre sabio de la naturaleza, acompaña con sus conocimientos cada salida que la asociación realiza como un homenaje a nuestra naturaleza singular.
Y por si algo faltara, Marbella Activa se ha propuesto conseguir que nuestro espeto de sardinas y nuestras moragas sean reconocidas  fuera de nuestras fronteras como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Elevar a nuestras humildes pero riquísimas sardinas al más alto empíreo gastronómico. Lo conseguirán, estoy segura.
Les decía que a los jóvenes hay que conocerlos bien antes de emitir una afirmación negativa. Sencillamente, creo que hay que darles algo en los que el cerebro y el sentimiento se unan. Verán como dejan de ser pasotas.
Marbella Activa no es solo una asociación. Es una hoguera cuyo fuego te quema en cuanto te acercas. Gracias a ellos por incluirnos a los no tan jóvenes. Gracias por su entusiasmo. También en lo cotidiano se puede ser héroe.

                                                                                           
Ana  María  Mata   
(Historiadora y Novelista)

8 de marzo de 2017

DIA DE LA MUJER



¡Nos han concedido un día!...Generosidad incomparable. Magnanimidad digna de encomio por parte de una sociedad que atesora en su haber, solo en España veinte asesinatos de mujeres en lo que va de año. Muestra de gentileza hacia quienes, en el fondo, muchos, y entre ellos algunos políticos europeos, como el polaco último, siguen considerando distintas, inferiores, y hasta retrasadas en comparación con el hombre, valor siempre en alza, indiscutible rey de la Creación, al que, a pesar de su gran inteligencia, Eva pudo arrebatarle las delicias de Paraíso con una simple manzana.
Decía que nos hemos merecido un día. Espléndido. Como la Banderita, el Oso Panda en extinción, la Fibromialgia o los enamorados. Estupidez colectiva y comercial dentro de la cual se solapan asuntos tan tremendos como enfermedades, cuyo interés no debería tener fechas conmemorativas, sino realidades fácticas.
Pero somos así, vocingleros e ineficaces. Rimbombantes y llenos de lagunas chapuceras. El día de la mujer, es un ejemplo de ello. No necesitamos una festividad, sino un reconocimiento de lo que podemos o no valer, sin que en ello entre en juego las cualidades físicas ni el parentesco político o familiar. El día que una mujer ejecutiva gane un sueldo equiparable al de un hombre realizando la misma función, o que el marido --versus pareja-  de cualquier edad conozca donde están los diferentes utensilios de la cocina de su hogar sin equivocarse, ese sí será un día para festejarlo. El verdadero día de la mujer. O ese otro, mucho más lejano en el que las mujeres árabes decidieran y las dejasen exponer a la luz el rostro al completo, y las europeas no fuesen apaleadas como si de muñecas vivientes se tratara por un “compañero” cuyo amor se demuestra  a golpes.
De todas formas, como estamos en ello, aprovechemos este fastuoso día para recordar y homenajear a un puñado de féminas cuya trayectoria fue o es impecable. Mujeres que dejaron el corazón, la mente y las fuerzas en conseguir que apostaran por su trabajo, a veces, por desgracia, sin total resultado.
Como las únicas, casi, que han alcanzado renombre y llegado hasta hoy son extranjeras, les daré prioridad. Nadie olvida a Maríe Curie, premio Nobel de Física y Química, ni a Rosa Parks, la afroamericana que no se levantó de su asiento en el autobús  para dárselo a un  hombre, como era lo establecido. O más cercana en el tiempo, a la Madre Teresa de Calcuta, ejemplo máximo de entrega a los marginados.
En España, nombremos a Clara Campoamor, defensora a ultranza del sufragio femenino, alcanzado en 1933, siguiendo por su aparente rival en ello, Victoria Kent, primera mujer directora de prisiones y creadora de reformas penitenciarias esenciales ( se opuso al voto en ese tiempo por la gran influencia de la Iglesia sobre mujeres analfabetas), continuando con Teresa Claramunt, fallecida en 1930, obrera textil anarcosindicalista que reivindicó el papel que las madres transmiten a los hijos, pidiendo igualdad. Y en otro aspecto, Carmen de Burgos (Colombine) almeriense, periodista y escritora tras largos esfuerzos, relacionada sentimentalmente con Ramón Gómez de la Serna, y corresponsal de guerra en Melilla o María Lejárraga, cuyas obras llevaron durante largo tiempo el nombre de su marido para poder publicarlas. Sin olvidar a María Goyri, primera mujer licenciada en Filosofía en 1892, a quien dos guardias llevaban diariamente a la clase en la Universidad, por el revuelo que su presencia armaba en el aula.
Un pequeño abanico de mujeres que lucharon por una igualdad entonces impensable, sometidas algunas a la tiranía de personajes como Juan Ramón Jiménez, excelso poeta pero maníaco hasta la extenuación, y al que Zenobia Camprubí dedicó toda su joven vida personal, renunciando a la suya profesional de traductora y poetisa.
Mujeres sin nombres, la inmensa mayoría heroínas del hogar, desde aquellas que además de trabajar en la crianza y sus  faenas domésticas, también ayudaban a la recolección,  a las matanzas de animales y  a la venta de los productos del campo. Mujeres que fueron asesinadas por adulterio a manos de quien lo era en excesivo pero le estaba permitido. Mujeres viudas después de la guerra, sacando adelante a sus hijos sin más ayuda que sus manos y una espalda destrozada, pero en silencio. Mujeres que ayudan al sacerdote y trabajan en la Iglesia con afán sobrenatural, pero de segunda categoría para una jerarquía anquilosada. Investigadoras que fueron apartadas de sus descubrimientos para ponerlos después bajo nombres masculinos.
Mujeres en fin a las que hasta ahora llamaban el “sexo débil”, hoy en cuestión.
A todas ellas, las fallecidas, las de ayer y las de cada día, van estas letras, de reconocimiento identitario. Les debemos mucho más que un 8 de marzo.
                                                                                              
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista)

28 de febrero de 2017

ADIOS A NUESTRO HÉROE


Estas lágrimas que no he podido contener y caen sobre el ordenador, Pablo, son de despedida. Una despedida que no hubiese deseado tener que hacer nunca, que ha llegado demasiado pronto, que todos creíamos ibas a derrotar para siempre.
Contemplo tus ojos negros, inmensos, habladores, impresionantes cada vez que te veíamos en tu habitual gesto de valentía, esos ojos que han acompañado a una sonrisa cautivadora, ejemplar, aleccionadora para tantos, amistosa también, única por venir de quien venía, un joven como tú, castigado con crueldad incompresible para tu edad y juventud. Deportista y fuerte, lleno de ilusiones en unos veinte años que empezaban a saborear la edad de los proyectos, del amor, de la amistad y las ganas de vencer a cualquier enemigo que viniese de frente.
Has conocido el dolor, la desesperanza y la tristeza en un tiempo en el que te hubiera correspondido por cronología vivir a tope, saborear la fortaleza que tu cuerpo, -ese brazo en alto., esa mirada, parecía poseer cada vez que aparecías para decirnos ¡adelante!, continuad a mi lado, un día más, otro, otro…hasta la extenuación, si hace falta.
Tal vez ella, cuyo horrible nombre no va a ser escrito, piense que ha  ganado, pero se equivoca. No ha hecho méritos, no ha presentado frentes, se introdujo en tu sangre a traición, escondida en tu feroz juventud, entre tu resistencia y unas fuerzas que has mantenido hasta el fin. Tenía envidia de tu gran espíritu, de tus planes, hasta de tu belleza, porque es cierto que eras guapo a rabiar, y más que lo parecías cuando nos mirabas desde los medios de frente, sonriendo y hasta ofreciendo ánimo a todos.
Hasta te convirtió en poeta, con frases insuperables: “La muerte forma parte de la vida, no hay que temerla, sino amarla…”, “Haz un bien común, deja de pensar en el yo, yo, yo”…con filosofía aplastante de sabio oriental que practica con el ejemplo.
Has triunfado en tu propósito porque has conseguido llegar donde querías: Al millón de donantes de médula, a que todos nos pongamos a pensar en los que sufren, nadie podía eludir tu mensaje, los medios te querían, abarrotabas porque eras de verdad, porque tu corazón hablaba por ti y no la publicidad.
No podrás ser bombero, pero has llegado mucho más arriba. Eres una insignia, el modelo a seguir para cuantos sean compañeros de hospitales y dolor, el ejemplo de superación para jóvenes aturdidos, tantos como hay que dicen no encontrar un camino, que lo buscan en drogas y venenos similares; muchos que se hastían sin haber vivido, sin conocer el placer del esfuerzo, la alegría de ayudar al amigo o compañero.
Gracias, Pablo. Una vez más y las que hagan falta. Por existir aunque te hayamos disfrutado demasiado poco. Porque personas como tú nos reconcilian con la complejidad de esta vida que te gustaba tanto.
¡Siempre fuerte!, decías, como lema de tu combate. Escasean personas como tu, y por ello te echaremos mucho de menos. Nos sentimos tan orgullosos de ti que esperamos puedas ver desde tu nuevo hábitat a una ciudad entera, a una nación incluso, derramando lágrimas por  tu ausencia futura, por la falta de tu sonrisa, aunque tu mirada. Pablo, esa intensidad ¡ay! de tus ojos, nos pertenecerá siempre.
Has quedado grabado al fuego vivo en la retina y el alma de quienes te hemos seguido desde el principio. Los héroes no mueren, se eternizan en el recuerdo.
Recibe junto a la  Medalla de la Ciudad  un ¡gracias! muy fuerte y un beso enorme de todos los que no queremos ni podremos olvidarte.
                                                                                                     
Ana María Mata 
(Historiadora y Novelista)                                                      

17 de febrero de 2017

NEFASTA GESTIÓN CULTURAL

Podemos presumir de muchas cosas los que en Marbella vivimos. De algunas, con exceso de vanidad, puesto que nada hemos hecho para poseer una sierra como la que tenemos, un Mediterráneo bellísimo, y como consecuencia, un clima que para ellos quisieran los mismísimos ángeles. Suerte. Baraka. Azar, al fin y al cabo, ese azar que  ha sido menos benévolo con Tarifa, por ejemplo, y el resto de pueblos de Cádiz, en los que el dios Eolo reina e impera fastidiando el placer de playas sensacionales.
Vanidad o no, son nuestro mayor patrimonio y esperemos que la suerte y nuestra geografía no nos abandonen nunca. Si lo hicieran, siento decir que nos quedaríamos en mantillas y huérfanos de otros valores que, ahora sí, van acumulando otras ciudades por sus propios medios y una voluntad firme de conservación.
Marbella, embriagada por su belleza, ha olvidado, por desgracia, el vocablo cultura, en todas sus acepciones y formas. Pocos de sus gobernantes apostaron por ella ni valorizaron cuanto de aliciente, formativo y turístico, además, posee. Adjetivada por algunos como la Cenicienta de los presupuestos, solo una pequeñísima parte de ellos le llega, y siempre como el zapato de cristal, a última hora, o demasiado tarde.
Craso error, que algunos hemos denunciado sin descanso, y que ahora, al día de hoy, nos da derecho para gritar a quienes lo quieran oír, la palabra Ineficacia a los cuatro vientos, como el resultado de una gestión realizada por ineptos, o en último caso por ignorantes culturales.
No es mi pretensión ofender, sino pedir explicaciones al hecho, insuficientemente explicado de cómo un señor, contratado por el municipio como cargo de confianza para asesorar sobre programas a desarrollar con fondos europeos y subvenciones y convenios con otras entidades –como tal reza en la web del Ayuntamiento- puede dejar escapar la cantidad de más de un millón de euros ofrecida por la Administración general, para, en este caso concreto, financiar la ampliación y puesta en marcha definitiva del Museo del Grabado Contemporáneo.
Sabemos que el museo es único en España, y por si fuese poco, es igualmente único en Marbella, salvo que anotemos el glorioso Cum Laude que el señor Gil tuvo a bien concedernos con la calderilla sobrante de unas bolsas ya famosas por su contenido. Me refiero al de los Bonsais.
Después de años de lucha en los medios, sigo preguntándome y pregunto a mis sufridos lectores, si tienen conocimiento de algo relacionado o incluido en lo Cultural, que poseamos sin saberlo, o nos haya ocurrido como hecho puntual destacado. Es cierto que Vargas Llosa fue nuestro visitante asiduo en la Buchinger, (sin la Preysler y para adelgazar), que Plácido Domingo actuó en el Starlite anterior y que esporádicamente llega un autor a presentar y vendernos su libros…pero, aparte de esos polvos de estrellas, ¿hay algo más?
Se que aburre repetir lo que ya parece un estribillo. A pesar de ello, necesito hacerlo.
No tenemos Casa de la Cultura (apunte: Don Benito, en Badajoz, tiene una realizada por Moneo), Centro de talleres de escritura o pintura para jóvenes, un Cine Club digno, Conservatorio musical, ídem, y existen pocas asociaciones culturales.  Por no tener, carecemos de biblioteca , que es el non plus ultra de la dejadez, y para colmo, hemos perdido de momento, la UNED. ¿Hay quien de  más?
Como historiadora y mujer de libros, me avergüenzo de la situación de mi ciudad en la que tenemos más bancos (no para sentarse)  por metro cuadrado que árboles, más campos de golf que escuelas y más restaurantes y bares que cines, teatros y bibliotecas.
No elegiría para vivir un lugar con estas características de no ser porque el nacimiento condiciona y el terruño, aunque tenga defectos, como a los hijos, se le quiere. Pero no me digan, por favor que como Marbella no hay nada, porque eso es chauvinismo y demagogia, y ni soy política, ni de serlo, aspiraría a ser como Trump.
Málaga podría enseñarnos algo si tuviésemos la voluntad de aprender. Si el conocimiento nos importara, y en el capítulo de los placeres, dejáramos introducir en nuestro interior, el producido por la cultura.

                                                                                                   
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)  

4 de febrero de 2017

ADIOS, PADRE ECHAMENDI

(Publicado en Diario SUR el 2 de febrero de 2017)
Ahora, cuando ya ha traspasado las puertas del gran misterio, cuando la tierra es el pasado y la trascendencia le pertenece, es cuando desearía más que nada poder charlar una vez más con usted, Don Francisco, preguntarle más como amiga que como feligresa si la Verdad con esta mayúscula diferenciadora  está con su espíritu, esa verdad de la que tanto hemos hablado “sotto voce”, ese Absoluto que contiene en sí el motivo de la vida, y es tan difícil de comprender.
 Le digo adiós con estas líneas que usted sabía iba a escribir de corazón. Imposible no hacerlo para despedir al cura más especial que hemos tenido desde que tengo uso de razón y pertenezco a la Parroquia de Marbella. La de toda la vida, parroquia de la Encarnación, en donde lo hemos tenido hasta que sus fuerzas se volvieron débiles. Creo recordar que llegó a ella después de un cura único en su género, el más famoso por entonces de España, y eso era una prueba de la confianza que los superiores tenían en un navarro, intelectual por encima, incluso, de una sotana que ya estaba en desuso.
Sé que llegó voluntariamente para ser Pastor después de una gran trayectoria universitaria y periodística. Que en Madrid protestaron por su marcha alumnos ya catedráticos y figuras de todo orden social. Que incluso D. Angel Herrera, del que fue secretario personal, el gran fundador de El Debate, le consultaba sus decisiones. Tenía un “carrerón” en la Curia, la posibilidad de un birrete cardenalicio incluido, y eligió Marbella.
Eligió una ciudad difícil, imbuida en su propia fama, plena de contrastes entre los de fuera y los de dentro, entre el papel couché y su gente anónima, también entre los avanzados post-conciliares y los retrógrados a marcha y martillo.  Cabriolas hubo de hacer para entrometer su figura del norte dentro del andalucismo recalcitrante, sus ideas novísimas junto a las muy fuertemente arraigadas populares. Me consta que no fue fácil hacerles ver que sería pronto uno más junto a nosotros, me consta que los libros le ayudaron a sortear la soledad primera.
Lo consiguió. Iba a escribir “triunfó”, pero como filólogo no le hubiera gustado, porque no correspondía a su intención. Se propuso querernos con nuestros errores y nuestros gozos, con nuestra  idiosincracia, hecha de Semanas Santas y muchos vasos de vino, de silencios y voces exageradas, de contradicciones repletas luego de buena fe.  Se lo propuso y puedo decirle ahora al profesor que siempre llevó dentro, que hay un sobresaliente Cum Laude dentro de todo aquel marbellero que lo conoció bien.
Puede que sus sermones no fuesen siempre entendidos en su totalidad, su exquisita cultura interpretada en negativo, pero le confieso que una conversación larga, incluso un pequeño debate, eran placeres de cuya pérdida no lograré restablecerme. Conocí a un cura muy cura, fiel a tope, pero capaz de intentar comprender al contrario con una sonrisa y una frase brillante. Interlocutor extraordinario, maestro de la filigrana verbal y escrita, hombre de Dios y de la humanidad hecha de barro.
Fui conociendo su cercanía a nuestra gente al mismo tiempo que descubría su inmensa cultura bibliófila. Nadie parecía leer más libros que usted (Acuérdese, “mejor que una amante, un libro, llegué a decirle…) por su avidez lectora, por su buena calidad de comunicar lo leído.    Estaba mal acostumbrada a los personajes con hábitos que había conocido, a la falta de rigor, al sobre uso de la imposición por ella misma, sin argumentos.
Me hizo creer en una Iglesia distinta y le agradezco su empuje en mis revueltas contra lo establecido. Le agradezco hacernos ver a todos que lo esencial es el Evangelio y no sus formas externas excesivamente ampulosas. Entiendo mejor ahora a aquellos que no piensan igual que yo. Lo aprendí de su metodología, no se si didáctica, pero sí amistosa.
Gracias, Don Francisco por su ejemplo como sacerdote y persona de hoy. Creo que nos hizo mucho bien a todos tenerlo entre nosotros. Ser uno más y demostrarlo día a día.
Allá en el Absoluto del que tanto le pregunté, no nos eche en olvido. Puede que desde allí le siga gustando tanto esta ciudad de la que fue un gran Pastor.

Ana  María Mata
Historiadora  y novelista