9 de julio de 2017

IGNORAR LAS RAÍCES

La base de la existencia está en el conocimiento. El ser humano va adaptando su vida a cuanto el cerebro le muestra y le da a conocer mediante un complejo sistema de neuronas, dendritas y sinapsis. A través de ello el mundo aparece como algo interesante que merece la pena descifrar. Y el placer de algo descifrado produce, en ocasiones sentimientos múltiples, en general de apego a lo que acabamos de vislumbrar.
No se puede amar lo que no se conoce. La necesidad de saber más sobre algo que alerta  nuestra curiosidad es la base de toda sabiduría. La ignorancia lo suele ser del fracaso. Una encuesta realizada los meses pasados en distintos colegios de nuestra ciudad ha dado como resultado un hecho tan claro como triste: Un tanto por ciento muy elevado de los encuestados, estudiantes de grados diversos, tenían una ignorancia total sobre la Historia y el Patrimonio de Marbella, la ciudad en la que viven, y de la que muchos son nativos.
Preguntados acerca de diversos lugares emblemáticos y hasta tradicionales, su ubicación y su origen, dieron una respuesta negativa, desconociendo su existencia y el lugar que en la Historia de la misma han desempeñado.
Quien esto escribe, que ha dedicado parte de su vida a la divulgación de dicho Patrimonio, sus tradiciones, costumbres, lugares, habla y demás riquezas que nos son propias y diferenciales, sintió al leerlo una profunda tristeza no exenta de un alto grado de impotencia e indignación.
Es comprensible que, dado la distinta procedencia actual del profesorado, el docente no conozca al llegar detalles de la Historia del lugar a donde llega y por lo mismo, la cantidad de riqueza patrimonial que dicho lugar alberga. Pero ahí acaba la justificación. Me parece necesario, y lo escribo sin eufemismos, que dicho docente se informe en el menor tiempo posible de este apartado de un “temario” quizás inexistente, pero indispensable a la hora de afrontar el enriquecimiento cultural de sus alumnos. ¿Puede alguien explicarme como va un niño o joven a comprender más tarde el Arte del Renacimiento o del Barroco, las riquezas de Florencia o Roma, si no sabe antes todo lo trascendente, históricamente hablando, que tiene a su alrededor?
Los nefastos, aunque múltiples,  planes de enseñanza en Educación, unido a un pelín de dejadez por parte de un profesorado mal tratado  y sin motivación, dan lugar a estas tristes consecuencias en  nuestros hijos y nietos. En el caso concreto de la encuesta, creo que algunos colegios tenían en su poder un estupendo libro sobre el tema que la Asociación Marbella Activa ha creado, precisamente para intentar paliar estas carencias.
 Hace falta abandonar la abulia en las aulas, y la excesiva tecnificación, que sin ser dañina, puede ocupar lugar y peso demasiado apabullante en el colegial.

Nadie propugna que el niño no estudie Matemáticas, Informática, Ciencias o Lenguaje. Sin embargo, el rechazar las Humanidades, o relegarlas, por poco prácticas en la vida diaria, está llevándonos a formar cerebros uniformes y aleatorios, cuya única preocupación en su vida futura será enriquecerse a cualquier medio. Y si así nos va, no entiendo por qué no se toma cartas en el asunto de una vez por todas y tratamos de formar seres pensantes con amplio caudal de conocimiento en Historia, Arte, y cualquiera en la línea de las llamadas Sociales.     
Los viejos historiadores quisiéramos pasar el relevo a jóvenes interesados porque no se pierda todo el Patrimonio que nos pertenece por derecho y al mismo tiempo seguir con lo que debía ser una cadena de transmisión fructífera y apasionada.
Conmino también a las familias, especialmente a los padres a que se interesen un poco más por esta riqueza de la que hablo. Que pregunten a sus hijos, indaguen y miren a su alrededor. No hemos surgido por generación espontánea. Tenemos a nuestra espalda una bella historia de pueblos que pisaron esta misma tierra y nos dejaron huellas como los mosaicos de Río Verde,  las ruinas del Castillo, o la Pila Bautismal visigoda.
Se ama lo que se conoce. La ignorancia es el camino a la estupidez.

                                                                                                          
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

25 de junio de 2017

JORNADAS DE ALTA LITERATURA


Algo así como el maná que los hebreos recibieron, caído del cielo. Como un regalo inesperado en momentos en que la sequía cultural amenazaba con destruirnos. De esa manera hemos recibido las jornadas que, bajo el título general de “La ficción de la Historia” se han celebrado en el Instituto Río Verde en varias semanas de mayo y junio.
No han sido unas jornadas corrientes. Han alcanzado una envergadura y calidad literaria tan alta que no puedo menos que escribir estas líneas en agradecimiento a quienes las han promovido y para que quede testimonio del logro tan importante que la Fundación Banús y la mujer concreta que lleva estos temas, la profesora Carmen Díaz, han conseguido trayendo a personajes casi míticos en el ámbito del libro, de la novela y de la historia.
Es difícil conseguir a unos primeros espadas de las letras como son Juanjo Armas Marcelo, Jorge Edward, Héctor Abad, Antonio Muñoz Molina y Fernando Aramburu.
Cada uno dentro de su casuística y estilo, fue un  placer oír por unas horas a estos hombres desgranando su sabiduría a un público tan mayoritario como entregado; y la relación tan fructífera que establecieron entre dos conceptos, a veces, encontrados, pero que ellos han hecho coincidir en sus respectivas novelas, resultó un gozo de los que pocas veces se alcanza en estos derroteros, variantes y peliagudos a veces, de la literatura.
Me centraré en los dos últimos con los que confieso tener  una afinidad rayando en el fanatismo, producto de mucho libro leído bajo su autoría, y un amplio análisis desde mis pobres coordenadas de lectora contumaz y reflexiva.

Muñoz Molina es, además de Académico y poseedor de cuantos premios se conceden en España, hombre digno de interés por algunas de sus cualidades personales. Para mí, la primera será siempre su coherencia. Desde los lejanos tiempos en los que nos llevó con un velo de misterio y música de jazz a enamorarnos de Lisboa, pasando por el triunfo “Planetario” del Jineta Polaco y las veleidades de Beltenebros, mezcladas con las inmensas Ventanas de Manhattam y Sefarad, para llegar a Todo lo que era sólido y especialmente a la que desmenuzó en su charla, La Noche de los Tiempos, M. Molina no ha travestido su punto moral ni su línea ideológica lo más mínimo. Sigue siendo, en las novelas y –creo que en su vida- el joven de Úbeda cuyos pies continúan anclados en las rojizas tierras del  pueblo jienense.
Sosegado, cercano, con una humanidad que le desborda, la conversación sobre los entresijos de cualquier historia, elaboradas con trozos íntimos de cotidianidad, jirones de pensamientos ocultos, y hechos a ras de suelo, fue literatura en sí misma de una calidad casi filosófica y trascendente. Tener acceso, aunque sea por instantes, a la brillantez de una exposición  tan personal, es un lujo literario y humano.
Junto a él, para acabar el ciclo, nos regalaron a Fernando Aramburu, el hombre del momento para los medios en literatura, feliz autor del libro más premiado y vendido del año, Patria, el mismo que desbrozó en la charla con dotes de persuasión tan elevadas como su capacidad de concentrar lectores y oyentes.
Aramburu es un escritor herido en sus raíces por el problema que su tierra abarca desde hace la tira de años, el terrorismo criminal que no ha cesado de ensangrentar Euzkadi mientras él crecía bajo la alarma de los tiros y explosiones casi cotidianas. Su explicación personal de la necesidad de poner en papel el drama que tanto le conmovía, 
fue sentida y auténtica, como lo son sus personajes en esa novela radical y humana hasta límites increíbles.
Anteriormente, en su otro libro, Los peces de la amargura, ya avanzaba el destino de su prosa limpia y sensible. Aramburu es hombre con apariencia sombría y un interior transparente, buscador de libertades y mares abiertos, de mundos compartidos y necesidad de diálogo entre hombres y pueblos. El placer de oír sus palabras no tiene,  o tuvo precio.
Por todo ello, valgan estas letras apresuradas y todavía con el calor de las jornadas en la mente, para agradecer a todos los que las hicieron posibles .
Sería bueno y bonito que algunos otros se diesen cuenta de que cuando las cosas se hacen bien y con altura de miras, este pueblo, tan denostado a veces, responde. Todavía puedo oír y ver al gentío y los aplausos.
                                                                                                   
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista) 


14 de junio de 2017

FUERTE OLOR A PODRIDO

Se habla de ella generalmente para ensalzarla. Paradigma turístico, ensoñación vacacional y lugar deseado por quienes, sin conocerla, sueñan con ella como objeto de deseo. Emblemática entre sus colegas del litoral. Quizá por ello, también algo envidiada. Bello nombre. Excelente fachada anunciadora. Enigmática y a veces altanera…; imaginan ya a quien me refiero. Su nombre: Marbella. De profesión, su fama.
Nadie puede negarme que lo escrito arriba corresponda con más o menos exactitud a la ciudad nombrada, al lugar donde algunos hemos nacido y otros han decidido vivir. A un rincón del mundo que desde sus comienzos brilló con luz distinta, con algo diferenciador y relumbrante. Una constelación de personajes afamados, de títulos nobiliarios, de estrellas rutilantes se dieron cita en sus primeros años –llamados de glamour- para hacerla tan visionada como interesante.
No pudo la codicia de corruptos ni la estupidez de gerifaltes vergonzantes apagar la luz que proyectaba, aunque la oscurecieran momentáneamente. Tampoco la lejanía de mandatarios que decidieron abandonarla a su suerte sin invertir en ella. Ni la globalización social que hacía aumentar el turismo de gentío y de masas. Ha emergido una y otra vez, emisora de sí misma, ave fenix de todas las batallas.
Hoy me toca reflexionar sobre su destino. Acerca de una realidad que al parecer no hemos querido ver aún teniéndola delante de los ojos. A su contrafigura. A la otra cara de una moneda que sin duda está devaluando su momento actual. A un perfil que desearíamos no le perteneciera, pero por desgracia es tan suyo como el que nos muestra sus bondades. Porque ocurre que su interior alberga un fuerte olor a podrido. Tan fuerte que los sentidos expelen su contenido como la víbora su veneno. Fétido, vomitivo, mortal. No caben posturas de avestruz. Llamemos a las cosas por su nombre.
Puerto Banús, pudo ser nuestra insignia y contraseña en su momento. Le hemos dejado funcionar a su bola y se nos ha escapado de las manos. En las suyas enarbola cuchillos ardientes. Capitanea rincones concretos (calle del Infierno, es su nombre) donde drogas y navajas van unidas, prostitución y sexo, alcohol y cerebros enloquecidos, dinero y mafia en porcentajes superlativos.
Todo es posible en noches donde la visión se borra y el estupefaciente se adueña de jóvenes sin control. Crímenes por omisión e incluso por acción directa cuando los parámetros se pierden. Peleas entre personas a las que si se les arrimase una cerilla serían pasto del fuego, borrachos jóvenes y viejos sin más medida que la fuerza de sus puños enfermos.
Una ciudad amenazada por sus noches de terror. Por cuanto pueda suceder y sucede entre sus esquinas, detrás de barcos con grifos de oro y desconocidos pasaportes, a la sombra de los más caros modistos y de tiendas con Rolex de brillantes incrustados.
Calles en las que jóvenes inseguros creen hallar lo que no son capaces de buscar por si mismos. Donde la droga reina y se alimenta de neuronas equivocadas, de células que acabarán multiplicando su malignidad.
Un núcleo de locura que no queremos reconocer, pero que forma parte de lo más oscuro de nuestra ciudad, sin que nada parezca domeñarlo, ni nadie encontrar solución.
Escribo para que se sepa y soportemos cada cual la vergüenza de los actos que de allí procedan: autoridades, policías, jueces, padres…todos cuantos nos hemos sentido orgullosos de la ciudad y hemos puesto un vendaje en la mirada.
Un punto negro no debe enturbiar toda la belleza. Pero puede oscurecerla tanto que al final sea solo cieno o humo aquello de lo que queremos presumir.

                                                                                                    
Ana  María  Mata 
(Historiadora y Novelista)

6 de junio de 2017

EL BAÚL DE LA INOCENCIA

(Publicado en Diario SUR el 5 de junio de 2017)

Cada mañana la veo con su pequeño en brazos camino de la guardería El Pinar por una acera angosta y poco o nada adaptada para el carrito que empuja con la mano libre. Me cruzo con ellos cada mañana y, desde que observo su presencia al fondo de la calle, me generan un abanico de sentimientos positivos que me alegran el comienzo del día: Agrado de verlos aparecer a lo lejos un día más; afecto por la manera en que la madre interactúa con su pequeño, mostrándole lo que se van encontrando a su paso; admiración por la ternura con la que le habla y le abraza, y optimismo al ver que sigue habiendo personas que saben dónde está lo importante de la vida.
Todo ocurre en escasos segundos que son los que tardo en cruzarme con ellos pues yo lo hago desde mi coche (sí, he dicho en coche muy a mí pesar) mientras llevo a los míos –más mayorcitos– a sus respectivos colegios. Realmente no sé lo que le va contando a su hijo, es más, tampoco sé si es niño o niña, pero sí que me da tiempo a ver el brillo en sus ojos y la expresión de felicidad que me regalan cada mañana. Deberíamos ser capaces de retener esos pequeños momentos con los que convivimos cada día ya que dentro del mundo estresado en el que vivimos son como pequeños botes salvavidas repartidos por el océano tempestuoso en el que naufraga la sociedad.
Qué puede esperar esa madre para su hijo de un mundo donde la crueldad está a la vuelta de la esquina, donde se sigue deseando la muerte del que tiene tendencias religiosas diferentes, donde los atentados terroristas nos sacuden a diario, con gran repercusión mediática cuando es en Occidente pero con espeluznante asiduidad en los países de Oriente. Un mundo gobernado por mandatarios que todo lo ven desde el prisma del poder absoluto, donde priman los intereses propios basados fundamentalmente en el control económico y militar, demostrándose mutuamente su potencial armamentístico por si fuera necesario apretar el botón tras una amenaza por ellos mismos provocada (¿o negociada?). Intransigencia, egocentrismo, narcisismo patriótico,... Todo pende de un hilo para hacernos saltar por los aires.
Pero esta madre sigue abrazando a su hijo cada día ajena al descalabro mundial –¿o tal vez es una manera inconsciente de protección maternal ante las noticias que le han asaltado un día más desde los medios de comunicación mientras desayunaba?– y la veo señalando hacia el bosque de pinos del Vigil de Quiñones que acaban de cruzar, cómo le muestra el colorido intenso de las madreselvas y buganvillas que cubren los muros de las casas junto a la que pasan o le hace escuchar el sonido de los mirlos y palomas que aletean entre las sombras. Una especie de “mindfulness” casual que ayudará a que ese personajillo crezca educado desde la familia sobre los valores del respeto, la gratitud y el amor, así como en otros tantos que nos dejamos olvidados en el baúl de la inocencia.
Llegados a la etapa estival en la que nos saturaremos de visitantes –para bien o para mal–, y donde tendremos que convivir con el “estrés del turista”, se pondrá a prueba la paciencia de más de uno. Los que vivimos en esta ciudad tenemos la posibilidad de buscar esas balsas salvadoras entre los múltiples rincones que conforman nuestro entorno. Un paseo junto al mar y se produce la desconexión inmediata. ¿Lo has puesto en práctica en alguna ocasión?

Arturo Reque Mata
Arquitecto y columnista de Diario SUR Marbella


31 de mayo de 2017

EL SAINETE POLÍTICO NACIONAL


Aunque solo fuese por curiosidad me gustaría saber que opinarían el señor Arniches y los hermanos Álvarez Quintero de lo que nos ha tocado vivir a los españoles en este último tiempo, y si lo incluirían en la lista blanca o negra de sus famosos sainetes populares, aquellas obras tragicómicas que ellos tan bien representaron y consiguieron elevar a cimas altas en la línea del esperpento.
No me nieguen mis sufridos lectores que al menos una vez no han imaginado el país al completo imbuido en el interior de un gran teatro en el cual unos cuantos señores llamados políticos interpretan una obra estudiada, compuesta a la medida de sus posibilidades, y el resto asistimos con el rostro que podemos y nos dejan, a sus actuaciones más bien nefastas.
España se está convirtiendo en un enorme escenario donde casi a diario se representa la farsa de una época moderna y demócrata, con el beneplácito de sus actores por el cobro recibido y el pasmo e indignación de los espectadores, obligados a asistir a ella.
No encuentro otro símil mejor para representar con palabras escritas nuestra actual situación política y para colmo, con la sensación de que parece irreversible y fatídica.
Por supuesto que en el núcleo central de todo esto se haya el vocablo más pronunciado por el pueblo llano: la corrupción, que si fuese contagiosa (que lo es) se transformaría en pandemia endémica y casi mortal. Pero detrás de ella, asoman las orejas del lobo feroz llamado partidos políticos y sus garras disfrazadas.
A quienes de ustedes hayan seguido durante estos meses el reality de la desaparición de Pedro Sánchez y el aupamiento de Susana Díaz , les habrá divertido mucho observar las escenas finales en las que, el guapo dirigente socialista dice digo donde antes dijera diego, y aparece como la víctima inocente de un linchamiento anunciado. Observar también como el joven Ave Fenix aparece lentamente con su nuevo disfraz de moderado al que no le gustan sus compañeros de la izquierda y por ello no va a apoyar la moción de censura, a pesar de la pesadez infinita de su: “No es no”. Falta saber cual va a ser su actuación en las Cortes, además de la de “socialista de la nueva era”. Que lo explique, porfa.

No me resisto a contarles lo divertido que les resultó a mis nietos el autobús del señor Iglesias recorriendo calles y plazas como si de un tiovivo ambulante se tratara. Nuevas políticas, sí señor, esas son nuevas políticas y no las que pregona el elegante Albert Rivera, todavía con  chaqueta y corbata, sin enterarse de que al Parlamento hay que ir deportivo e informal.;algo así como si se fuese a jugar un partido de tenis, por ejemplo, pelotazo a la izquierda, pelotazo a la derecha…¡zás! Y a la tele rápido que es donde se forjan los políticos auténticos. También se puede ir en plan madre absoluta y entregada con la teta al aire por el amamantamiento. O a fabricar chistes y frases ingeniosas, hecho en el que el señor Rajoy se lleva la palma, con su habitual gracejo y guiño inquietante.
Entiendo, y espero lo comprendan, que a lo que no van a dedicarse a estas alturas es al solucionar problemas añejos y desgajados de lo que se lleva, como el problema del paro, o el de la Sanidad, y no digamos el de la Educación, tan pesado y repetitivo, siempre con lo mismo, niños, jóvenes, escuelas, médicos, hospitales…¡que antiguo, dirán ellos, que lejos de la postverdad. Lo esencial es tener iniciativas y buscar cosas nuevas, epatantes, de esas que se hacen virales en minutos y recorren los medios con presteza.
Porque, en conclusión, el teatro está en decadencia y los actores de nuestro sainete lo que hacen es planear obras originales que poder plasmar en Facebook, Twiter, Instagram o You Tube y que recorran el mundo en un silbido, dando muestras de nuestro alto índice o coeficiente intelectual.
Para eso están allí, confrontando ideas, pero, olvidados de que en el fondo, y por mucho que lo nieguen, lo que hacen, Arniches y los hermanos Quintero lo sabían desde antes y lo hicieron mejor.

                                                                                          
Ana  María  Mata  
(Historiadora y Novelista)

16 de mayo de 2017

ENCRUCIJADA DE RAZAS, CRISOL DE IDEAS

La comunicación verbal no es la única forma de descifrar la Historia. Ni tampoco la escrita, más valorada y testimonial a la hora de demostrar hechos realizados. Existe otra manera, quizás más sutil, menos ampulosa, para expresar la larga retahíla de sucesos que el hombre es capaz de protagonizar a lo largo de la gran estela de los tiempos.
Paradójicamente se llama silencio y en ocasiones es mucho más explícito. Porque hay cosas para las que el verbo resulta insuficiente. Acontecimientos imposibles de imaginar que únicamente podemos conocer si atendemos a oír a través del silencio de la piedra.  Cuando las piedras hablan, el corazón detiene su latido dispuesto a sentir el mensaje que transmiten. El sonido está profundamente inmerso en la vertical de su mampostería, la rugosidad de su basamento, la variedad y perfección de sus formas.
Cuando una ciudad habla en sus piedras, se trata de una ciudad mágica. El lenguaje que entre ellas se produce es una música oscura y penetrante que el visitante absorbe sin ser consciente de ella. Toledo es música pétrea de principio al fin. Serpenteada por el Tajo que parece acariciar sus orillas, la visión obtenida desde el Mirador del Valle es similar a una sinfonía de Mahler. Siente el viajero una vaharada de ocres y dorados que  semejan trigales en movimiento, mecidos por el gris puntiagudo de la catedral gótica, que junto al Alcázar presiden la majestuosa colina donde se acomoda esta ciudad única. No es que haya mucha historia en Toledo. Toledo es, la Historia misma, de España y casi del mundo en una época precisa.

Desde que la mencionara Tito Livio, como ciudad pequeña pero muy bien fortificada, un torbellino de literatura se ha escrito sobre ella. Derrotados los romanos, Leovigildo la convierte en capital de reino hispano-visigodo y a partir de la conversión de Recaredo, el catolicismo imprime su huella edificando iglesias y conventos bellísimos.
Con la decadencia de los visigodos entra a formar parte del Califato de Córdoba, momento en que el diseño de sus calles se vuelve laberíntico y casi salvaje. Momento también en el que permanecen en su recinto con cierta armonía la conjunción formada por tres civilizaciones, ya que la judía estaba desde tiempos anteriores. Convivencia pacífica que proporcionó un alto nivel cultural, plasmado en la muy elogiada Escuela de Traductores , donde los escritos eran pasados del lenguaje hebreo al árabe y al latín, traduciendo incluso del griego para llegar, en última instancia al castellano.
Es posible que este crisol de ideas llevara a sus creadores a intentar superar al rival en belleza y diseño arquitectónico. Puede que rivalizaran en materiales, que cada uno quisiera dejar huella en este maremágnum cultural y humano.
La antigua mezquita, transformada en catedral por Alfonso VI, tras la reconquista, es en sí misma símbolo del poderío artístico que alcanzó la ciudad, cuyos artesanos estaban considerados los mejores del mundo. La grandiosidad del gótico, lanzando hacia arriba el espíritu, sus columnas y sus arcos apuntados como flechas hacia el cielo, sus columnas como gigantescas palmeras de granito que, al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal, sus vidrieras coloridas, la minuciosa filigrana de su coro, el laborioso encaje de oro de su Custodia procesional…hace enmudecer al más flemático visitante.
Pero hay que guardar asombro para poder visitar sus sinagogas con la mente de un judío practicante, la serenidad de sus blancas paredes ornamentadas por cenefas con textos de la Torá, junto a la frescura de sus patios.
 Y hay que conservarlo también para enamorarse de la obra de El Greco, el cretense que alargaba sus figuras, puede que con idéntica intención de buscar la vertical de Dios, lo espiritual sobre la carne.
En lo más alto, el Alcázar, vigía perenne de una ciudad tan deseada como asediada en el transcurso de los tiempos. Para tenerlo todo, hasta un episodio flagrante de nuestra reciente historia está allí, intacto en sus paredes tiroteadas, en un teléfono negro que nos revela la crueldad de unas dolorosas palabras entre padre e hijo, la valentía convertida en la loca heroicidad del coronel Moscardó, en la defensa del Alcázar cuando todo estaba ya perdido.
Pisar las piedras de sus calles, que también parecen querer emular a las columnas catedralicias, siempre hacia arriba, con sus guijarros brillantes clavados en los sufridos pies, es alcanzar un estado entre gravitatorio y exultante donde poder cobijarnos cuando la mediocridad de nuestros días nos deprima el ánimo.
Sabemos ya que la magia habita en la ciudad bellísima que el Tajo envuelve.

                                                                                                     
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

15 de mayo de 2017

VIDA Y MUERTE DE UN CICLISTA

(A todos aquellos que se han quedado en el asfalto o que han sufrido algún accidente con su bicicleta provocados por un tercero imprudente)

Sí, me refiero esas personas que nos desplazamos sobre una bicicleta por tu (nuestra) ciudad o tus (nuestras) carreteras. Esas personas sobre las que descargas tu ira, tu estrés y tu falta de educación,  que querrías erradicar de la faz de la calzada –o de la tierra según algunos de vosotros–. Cruzarte con nosotros te provoca ese ataque de bilis que te amarga el día. Te hace aflorar  tu instinto más animal del depredador que, subido a su vehículo metálico de gran tonelaje, está por encima del bien y del mal. No hay quien te pare, pasas por donde quieras y cuando quieras, ¡eres el rey del asfalto!
 Si esta introducción te ha hecho hervir la sangre mejor que hoy no cojas tu coche ya que puedes ocasionar una catástrofe. Estás empezando a mutar hacia tu lado más peligroso y puedes hacer daño a alguien.
A los demás –espero que la mayoría, aunque cada vez soy más pesimista en este sentido– os pido sensibilidad, precaución y sentido común –también al colectivo ciclista, por supuesto–. Detrás de cada persona que decide utilizar una bicicleta hay tantas historias como usuarios. Todos tenemos familias, nuestros problemas y nuestras ganas de vivir. La bici nos ofrece una sensación de libertad difícilmente entendible por quien no lo ha experimentado. Por la ciudad, por la carretera o por el campo, sentir el aire en tu piel mientras te desplazas realizando un esfuerzo gracias a tus propias energías aporta un bienestar que recomiendo experimentar a todo el mundo. La vulnerabilidad hace que estés alerta de lo que te rodea lo cual supone implicarte con tu entorno, algo muy olvidado en la sociedad actual. De manera individual o en grupo, detrás de cada pedalada se mezcla, cual fórmula de alquimista, salud, alegría, sufrimiento, placer, ilusión, diversión y unas gotitas de ecología. Toda una contribución de energía positiva a este mundo endiablado.
Noto y comparto la rabia que sienten los amigos del CDC La Vereita –con los cuales he disfrutado de una preciosa ruta familiar por la Bahía de Málaga este fin de semana– tras las terribles noticias que se están sucediendo estos días con los tres fallecidos en Oliva, la muerte de Scarponi o el atropello múltiple de Tarragona. Y es que ellos mismo has sufrido entre sus socios accidentes que les han dejado importantes secuelas. Dando fe de la tensión que se vive, en la ruta mencionada, donde participaban niños, en un cruce, un señor conductor (lo más seguro que incluso padre de familia), intentó cruzar por en medio del grupo porque..., porque le daba la gana.
Son este tipo de actuaciones las que hay que corregir, las que debemos transformar mediante la educación, el respeto y la sensatez. Hacer ver a la sociedad que estamos para convivir y que todos tenemos nuestros motivos para disfrutar o incluso para tener un mal día, pero no podemos por ello obviar a los demás y pasar por encima. Por muy tópico que parezca los españoles somos impetuosos, prepotentes e irresponsables, y canalizar todo esto va a ser muy, pero que muy, complicado. Mientras pasan generaciones que diluya esa “mala leche” recomiendo prudencia y buen rollo, respirar tres veces antes de responder, y siempre que se preste, dar las gracias o pedir perdón.  Claro que esto mientras se pueda interactuar con el otro ya que si viene puesto de todo, borracho, trasnochado o simplemente despistado con el móvil puede que no haya ocasión más que para las lamentaciones. 
No me puedo olvidar de la Administración a la que hay que seguir pidiéndole que invierta en infraestructuras seguras para los ciclistas ya que cada vez somos más los usuarios y una apuesta segura para mejorar la calidad de vida de las ciudades.  No nos contabilicen como votos sino como vidas humanas.

Espero conciudadano haberte tocado al menos por unos minutos tu conciencia y veas a los ciclistas como a tu amigo, tu vecino o tu familiar que sale a dar un paseo y quiere que sea algo maravilloso, no una ruleta rusa en la que no sabe cuándo te tocará la bala.

Arturo Reque
Arquitecto
Presidente Asociación Marbella ByCivic