16 de mayo de 2017

ENCRUCIJADA DE RAZAS, CRISOL DE IDEAS

La comunicación verbal no es la única forma de descifrar la Historia. Ni tampoco la escrita, más valorada y testimonial a la hora de demostrar hechos realizados. Existe otra manera, quizás más sutil, menos ampulosa, para expresar la larga retahíla de sucesos que el hombre es capaz de protagonizar a lo largo de la gran estela de los tiempos.
Paradójicamente se llama silencio y en ocasiones es mucho más explícito. Porque hay cosas para las que el verbo resulta insuficiente. Acontecimientos imposibles de imaginar que únicamente podemos conocer si atendemos a oír a través del silencio de la piedra.  Cuando las piedras hablan, el corazón detiene su latido dispuesto a sentir el mensaje que transmiten. El sonido está profundamente inmerso en la vertical de su mampostería, la rugosidad de su basamento, la variedad y perfección de sus formas.
Cuando una ciudad habla en sus piedras, se trata de una ciudad mágica. El lenguaje que entre ellas se produce es una música oscura y penetrante que el visitante absorbe sin ser consciente de ella. Toledo es música pétrea de principio al fin. Serpenteada por el Tajo que parece acariciar sus orillas, la visión obtenida desde el Mirador del Valle es similar a una sinfonía de Mahler. Siente el viajero una vaharada de ocres y dorados que  semejan trigales en movimiento, mecidos por el gris puntiagudo de la catedral gótica, que junto al Alcázar presiden la majestuosa colina donde se acomoda esta ciudad única. No es que haya mucha historia en Toledo. Toledo es, la Historia misma, de España y casi del mundo en una época precisa.

Desde que la mencionara Tito Livio, como ciudad pequeña pero muy bien fortificada, un torbellino de literatura se ha escrito sobre ella. Derrotados los romanos, Leovigildo la convierte en capital de reino hispano-visigodo y a partir de la conversión de Recaredo, el catolicismo imprime su huella edificando iglesias y conventos bellísimos.
Con la decadencia de los visigodos entra a formar parte del Califato de Córdoba, momento en que el diseño de sus calles se vuelve laberíntico y casi salvaje. Momento también en el que permanecen en su recinto con cierta armonía la conjunción formada por tres civilizaciones, ya que la judía estaba desde tiempos anteriores. Convivencia pacífica que proporcionó un alto nivel cultural, plasmado en la muy elogiada Escuela de Traductores , donde los escritos eran pasados del lenguaje hebreo al árabe y al latín, traduciendo incluso del griego para llegar, en última instancia al castellano.
Es posible que este crisol de ideas llevara a sus creadores a intentar superar al rival en belleza y diseño arquitectónico. Puede que rivalizaran en materiales, que cada uno quisiera dejar huella en este maremágnum cultural y humano.
La antigua mezquita, transformada en catedral por Alfonso VI, tras la reconquista, es en sí misma símbolo del poderío artístico que alcanzó la ciudad, cuyos artesanos estaban considerados los mejores del mundo. La grandiosidad del gótico, lanzando hacia arriba el espíritu, sus columnas y sus arcos apuntados como flechas hacia el cielo, sus columnas como gigantescas palmeras de granito que, al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal, sus vidrieras coloridas, la minuciosa filigrana de su coro, el laborioso encaje de oro de su Custodia procesional…hace enmudecer al más flemático visitante.
Pero hay que guardar asombro para poder visitar sus sinagogas con la mente de un judío practicante, la serenidad de sus blancas paredes ornamentadas por cenefas con textos de la Torá, junto a la frescura de sus patios.
 Y hay que conservarlo también para enamorarse de la obra de El Greco, el cretense que alargaba sus figuras, puede que con idéntica intención de buscar la vertical de Dios, lo espiritual sobre la carne.
En lo más alto, el Alcázar, vigía perenne de una ciudad tan deseada como asediada en el transcurso de los tiempos. Para tenerlo todo, hasta un episodio flagrante de nuestra reciente historia está allí, intacto en sus paredes tiroteadas, en un teléfono negro que nos revela la crueldad de unas dolorosas palabras entre padre e hijo, la valentía convertida en la loca heroicidad del coronel Moscardó, en la defensa del Alcázar cuando todo estaba ya perdido.
Pisar las piedras de sus calles, que también parecen querer emular a las columnas catedralicias, siempre hacia arriba, con sus guijarros brillantes clavados en los sufridos pies, es alcanzar un estado entre gravitatorio y exultante donde poder cobijarnos cuando la mediocridad de nuestros días nos deprima el ánimo.
Sabemos ya que la magia habita en la ciudad bellísima que el Tajo envuelve.

                                                                                                     
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

15 de mayo de 2017

VIDA Y MUERTE DE UN CICLISTA

(A todos aquellos que se han quedado en el asfalto o que han sufrido algún accidente con su bicicleta provocados por un tercero imprudente)

Sí, me refiero esas personas que nos desplazamos sobre una bicicleta por tu (nuestra) ciudad o tus (nuestras) carreteras. Esas personas sobre las que descargas tu ira, tu estrés y tu falta de educación,  que querrías erradicar de la faz de la calzada –o de la tierra según algunos de vosotros–. Cruzarte con nosotros te provoca ese ataque de bilis que te amarga el día. Te hace aflorar  tu instinto más animal del depredador que, subido a su vehículo metálico de gran tonelaje, está por encima del bien y del mal. No hay quien te pare, pasas por donde quieras y cuando quieras, ¡eres el rey del asfalto!
 Si esta introducción te ha hecho hervir la sangre mejor que hoy no cojas tu coche ya que puedes ocasionar una catástrofe. Estás empezando a mutar hacia tu lado más peligroso y puedes hacer daño a alguien.
A los demás –espero que la mayoría, aunque cada vez soy más pesimista en este sentido– os pido sensibilidad, precaución y sentido común –también al colectivo ciclista, por supuesto–. Detrás de cada persona que decide utilizar una bicicleta hay tantas historias como usuarios. Todos tenemos familias, nuestros problemas y nuestras ganas de vivir. La bici nos ofrece una sensación de libertad difícilmente entendible por quien no lo ha experimentado. Por la ciudad, por la carretera o por el campo, sentir el aire en tu piel mientras te desplazas realizando un esfuerzo gracias a tus propias energías aporta un bienestar que recomiendo experimentar a todo el mundo. La vulnerabilidad hace que estés alerta de lo que te rodea lo cual supone implicarte con tu entorno, algo muy olvidado en la sociedad actual. De manera individual o en grupo, detrás de cada pedalada se mezcla, cual fórmula de alquimista, salud, alegría, sufrimiento, placer, ilusión, diversión y unas gotitas de ecología. Toda una contribución de energía positiva a este mundo endiablado.
Noto y comparto la rabia que sienten los amigos del CDC La Vereita –con los cuales he disfrutado de una preciosa ruta familiar por la Bahía de Málaga este fin de semana– tras las terribles noticias que se están sucediendo estos días con los tres fallecidos en Oliva, la muerte de Scarponi o el atropello múltiple de Tarragona. Y es que ellos mismo has sufrido entre sus socios accidentes que les han dejado importantes secuelas. Dando fe de la tensión que se vive, en la ruta mencionada, donde participaban niños, en un cruce, un señor conductor (lo más seguro que incluso padre de familia), intentó cruzar por en medio del grupo porque..., porque le daba la gana.
Son este tipo de actuaciones las que hay que corregir, las que debemos transformar mediante la educación, el respeto y la sensatez. Hacer ver a la sociedad que estamos para convivir y que todos tenemos nuestros motivos para disfrutar o incluso para tener un mal día, pero no podemos por ello obviar a los demás y pasar por encima. Por muy tópico que parezca los españoles somos impetuosos, prepotentes e irresponsables, y canalizar todo esto va a ser muy, pero que muy, complicado. Mientras pasan generaciones que diluya esa “mala leche” recomiendo prudencia y buen rollo, respirar tres veces antes de responder, y siempre que se preste, dar las gracias o pedir perdón.  Claro que esto mientras se pueda interactuar con el otro ya que si viene puesto de todo, borracho, trasnochado o simplemente despistado con el móvil puede que no haya ocasión más que para las lamentaciones. 
No me puedo olvidar de la Administración a la que hay que seguir pidiéndole que invierta en infraestructuras seguras para los ciclistas ya que cada vez somos más los usuarios y una apuesta segura para mejorar la calidad de vida de las ciudades.  No nos contabilicen como votos sino como vidas humanas.

Espero conciudadano haberte tocado al menos por unos minutos tu conciencia y veas a los ciclistas como a tu amigo, tu vecino o tu familiar que sale a dar un paseo y quiere que sea algo maravilloso, no una ruleta rusa en la que no sabe cuándo te tocará la bala.

Arturo Reque
Arquitecto
Presidente Asociación Marbella ByCivic

2 de mayo de 2017

EL PUEBLO SE PREGUNTA

Pido perdón a los puristas de la lengua por el uso de “pueblo” en lugar de “ciudad”. No es más que una metáfora intimista en la que deduzco que la nostalgia tiene mucho que ver. De vez en cuando me dan arrebatos recordatorios de un tiempo en el que nos llamábamos pueblo voluntariamente, a sabiendas de que los reyes muy católicos nos concedieron, previa cláusula legal, el título de Ciudad.
Marbella anda por estos días muy ocupada con el problema de sus playas. Los últimos temporales nos han dejado sin arena, después de haber rellenado todo lo posible para la Semana Santa. Y si el tiempo se enfada, habrá que repetir operación de nuevo, con el gasto y el trabajo que ello significa. Pero como de este problema leerán mucho en los próximos días por fuentes bien informadas, dejo a los profesionales este asunto y me centraré en otro que rodea mi cabeza cual mosquito tempranero.
Créanme que si entiendo poco y mal las muchas cosas que dejan de hacerse siendo necesarias, mucho menos llego a comprender la inactividad y el abandono de las ya hechas y que comienzan un lento deterioro. Por desgracia no es extraño encontrar edificios cercanos que duermen el sueño de los justos a la espera de una administración o empresa que les diga lo de “Lázaro, levántate y anda”. Pero entre ellos hay algunos cuya paralización es de lesa majestad.
Abandonado, sin explicaciones a la ciudadanía, solo y triste, sin más compañía que la de los vehículos que llegan para aparcar frente a él, el complejo deportivo ( si es que lo es definitivamente) del antiguo Francisco Norte, guarda en la soledad de sus ventanales, puertas, suelos y edificación en general, el misterio de por qué le han dado la espalda. Arrojado como un poseso al grupo de los no queridos, despreciado por Ayuntamiento y quienes estén en el asunto de su no puesta en servicio, solo él sabe cuales son las verdaderas causas de su inutilización, estando como está en un lugar céntrico y privilegiado, habiéndose discutido ad nauseam su construcción y las funciones que debería realizar.
Al ser un lugar muy cercano, he podido comprobar directamente como el pueblo en general, cada vez que divisa su figura, y mientras lo contempla con un deje de lástima, pregunta a quien quiera oírlo, qué narices ocurre con el Francisco Norte y si están esperando que se deteriore para declararlo “ruina histórica”.
A quienes nos movemos en el área de la lógica más cartesiana, este asunto incomprensible, absurdo y demás adjetivos similares, nos parece un descaro por parte de los autores del hecho, y cualesquiera que sean las razones que den ( no han dado ninguna) para este bochornoso ejemplo de dejación, una falacia sin paliativos.
Si son intereses privados los que impiden su puesta en servicio, debían hacer dos cosas con urgencia: la primera explicarlo en esa transparencia tan cacareada, y la segunda solucionarlo sin demora. No es de recibo que una ciudad tenga aparcado un centro deportivo tan necesario y sus regidores vuelvan la cara hacia otro lado, mientras el tiempo destroza su vacío.
Tal vez el desconocimiento de cómo debe regirse una ciudad exceda de los cerebros limitados de sus pobres habitantes, quienes al votar creen que depositan no solo su fe sino sus posibilidades en los votados. Craso error por lo que vemos y comprobamos.
Y puesto que me queda un pequeño espacio, permítanme que refleje por enésima vez mi indignación ante la carencia de una Biblioteca pública, creo que la única ciudad en España que no la posee, por lo que no sería difícil que nos calificaran de analfabetos y harían muy bien, quienes nos visitan.
Tendremos la titularidad como “Ciudad grande y leal”, pero los afamados Isabel y Fernando no sé si sabrán que lejos de progresar, en ciertos aspectos vamos como cangrejos dando pasos hacia atrás.

                                                                                                    
Ana María Mata  
(Historiadora y Novelista)

17 de abril de 2017

AVALANCHA HUMANA

Suele ocurrir de año en año: No más la Primavera asoma su gracioso piececito (cual Cenicienta enajenada) por estos lares,  dos fenómenos paralelos pero no contrarios se manifiestan en ellos. Abril, a pesar de los malos augurios que T. S. Elliot pronosticara sobre él, nos ofrece la realidad de esos hechos, tan significativos como beneficiosos para quienes habitamos en la vieja piel de toro que es nuestro país.
El primero se manifiesta de forma religiosa o devota; el segundo, más terrenal, con apariencia de idolatría. Juntos, toman la exteriorización de tsunami humano, de avalancha gigantesca que desborda el lugar donde aparece.
Como algunos ya habrán imaginado hablo de la Semana Santa y del sol. España se moviliza en estos días como si absorbiera por entero el tan recordado “espíritu cristiano de occidente”, a favor de una liturgia especial donde el barroco impone sus normas, la Iglesia su dirección y los humanos el fervor que llaman popular. Las imágenes embellecidas hasta límites insospechados, con exceso de oros y platas, bellas flores y ardientes costaleros, inundan las calles de nuestras ciudades en un afán de superación amorosa digna de estudio. Los cofrades lloran, sudan, sufren si les sale mal, se agitan y tratan de que su Señor o su Virgen sea la más aclamada de toda la semana en cuestión.
Los fieles espectadores, atentos al redoble del tambor, corren y buscan el lugar exacto donde poder emocionarse con la belleza y el adiestrado movimiento de los costaleros, con la altura desde la que su imagen preferida parece hablarles solo a ellos, mirarlos, agradecerles su presencia.      
Constato que la Semana Santa española, y en especial la andaluza, está en alza, más en auge que nunca, quizás porque los tiempos de hoy son más propicios a la fe que los anteriores de excesivo bienestar económico y material. Tal vez porque cuando las temperaturas suben los ánimos se enaltecen y las acompañan en su recorrido. Sea como fuere, Marbella en concreto es como una enorme riada de peregrinos que buscan la devoción y de paso…un poco de idolatría al segundo factor del que vengo hablando:
El Sol. Lo escribo con mayúsculas porque así deben sentirlo ellos, los que si pudieran lo beberían a sorbos en el caso de que fuera líquido. Los adoradores empecinados que queman sus pieles en su fuego, como si alguien pudiera robárselo, como previendo que un día de golpe pueda enfadase y decir “au revoir” para siempre.
Playas hacinadas que dan la impresión de que agosto se hubiera adelantado. Familias completas con todos los artilugios que necesitan para el mar y la arena. Tempraneros que buscan el primer puesto cerca de la orilla, flotadores, pelotas, bikinis  por doquier.
La sensación maravillosa de poder contar al volver lo hermoso del paso del Nazareno y la agilidad de la legión junto al bronceado anticipado para presumir ante los amigos. Todo en uno, como las ofertas. Si para lograrlo hay que esperar dos horas de pié en una callecita el paso de los tronos, y resistir el frío del agua del mar cuando la piel quemada exige un baño, se espera y se resiste. Nuestra devoción beatífica va en consonancia con los rayos de sol y los grados de temperatura.
Al fin y al cabo algunos, los llamados panteístas, encuentran la divinidad en la naturaleza. No están, desde luego, muy lejanos el uno de la otra; ¿por qué el santo de Asís podía ver a Dios en un lirio del campo y nosotros no vamos a poder hacerlo en un montoncito achicharrado de arena?
En la noche estrellada de Sevilla o Málaga, el azahar pone su punto de olor para que todo parezca extraído del cielo. Nadie puede soportar incólume la conjunción de placeres ensamblados. Una saeta, el sonido del tambor lejano, los niños nazarenos felices, el rayo del sol que se siente en el rostro, una torrija y un pequeño vaso de vino dulce, son la antesala del paraíso…al menos del terrenal que dicen que perdimos.
Marbella ofrece su sol y unas temperaturas extras. La Iglesia sus imágenes dolientes pero bellamente engalanadas, y el personal añade su fe o su imaginación. Cada uno, al fin y al cabo, es dueño de su mente.
                                                                                              
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista)

5 de abril de 2017

ZONA AZUL

Confieso que soy defensora acérrima de lo que mi hijo, arquitecto, llama urbanismo y ciudades sostenibles, entendiéndolo como algo que no vaya a estropear el eco-sistema en el que nuestras vidas están ubicadas.
Desde ese punto de vista, lo ideal sería que los ciudadanos de hoy nos mentalizáramos en lo provechoso que resulta el movimiento de piernas y pies para movernos de un sitio a otro, como también el uso sustitutivo del automóvil por la sencilla bicicleta, más deportiva, más ligera, y especialmente, menos contaminante.
Ocurrirá en un día no lejano que España se moverá mayoritariamente a golpe de pedaleo constante, y llegaremos a emular a Holanda y Dinamarca, líderes del asunto. Pero mientras eso acaba por triunfar - zoquetes, como a veces somos en toda innovación- las distancias debemos cubrirlas con el coche, y eso parece que siguen pensando los vendedores de los mismos, a tenor de la ingente publicidad que introducen una y otra vez en  televisión y demás medios.       
Ocurre que el vehículo cerrado necesita en un momento dado que se le aparque para realizar gestiones, trabajos diversos, compras, etc…y aquí encontramos el motivo de este pequeño artículo de hoy. Aparcamientos. El eterno problema del conductor. ¿Dónde aparco que no me cueste un riñón? Hace uno o dos años nos ofrecieron la solución, o eso decían.  Zona Azul. Pintadas en el suelo y movilidad del aparcante. Nos parecía lógico, a unos más que a otros, pero solución al fin.

Y hete aquí que con la experiencia llega el tío Paco con sus rebajas. Me explico. Usted pone el coche en un aparcamiento donde funciona la zona azul. Se acerca al parquímetro o monolito para pagar. Se detiene y trata de pensar cuanto tiempo va a tardar en la gestión que le ocupa. Imposible adivinarlo si se dirige, por ejemplo a un centro de la Administración. Allí tienen un cálculo del tiempo distinto y personal. Coloca en el parquímetro lo más de acuerdo con su imaginación. Dos euros, a lo más tres: no voy a tardar tanto…pero tarda un cuarto de hora más, y corre como alma que lleva el diablo hacia su coche. Papel en su parabrisas. Regalo de la zona azul. Multa de 50 euros. Si la paga, antes de no sé cuando, 25. Eso sí, primero deberá ir al Banco o entidad que ellos disponen. Luego a otro a pagarla, siempre en las horas fijadas, ni antes ni después, con cola normalmente. Y con suerte, la gestión que a lo  mejor era intrascendente, se transforma en una semana de idas y venidas, además del robo a su bolsillo.
Extralimitación de funciones. Eficacia exagerada. Robo descarado de la empresa que lleva el asunto este de la zona azul. Una cosa es dejar el coche allí todo el día o toda la mañana y otra el celo de los guardas en  espiar al vehículo pasados los primeros dos minutos de tardanza.  
Eso no es servicio al ciudadano, eso es tomarnos el pelo y recaudar a nuestra costa mientras el Ayuntamiento no licita zonas libres para aparcar aunque sean fuera del centro, sin necesidad del rótulo azul y de la excesiva rapidez del guarda de turno.
Una ciudad que se precie debe contar con suficiente espacio para que los residentes y turistas puedan aparcar sin que les esquilmen, y den mala fama a dicha ciudad.  Los aparcamientos privados poseen unas tarifas de  infarto, y mientras sigan así seguirán como están algunos, vacíos a todas horas.
Imagino que nuestra ciudad habrá hecho un estudio, no solo recaudatorio y de marketing, sino también, de los requisitos que necesita para ser considerada como de primer orden en el Turismo nacional e internacional.  Uno de ellos se relaciona con el aparcamiento.
Y si les parece mejor, pues miren, hagan una campaña mayoritaria, extensiva e impactante a favor de la bicicleta, de sus beneficios, de su carácter ecológico, lo saludable y todo lo que se les ocurra. Empezando por colocar los carriles bici que hacen falta.
Todos nos sentiríamos agradecidos.

                                                                                               

                                                                                              
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

20 de marzo de 2017

MARBELLA ACTIVA

Existe una opinión, más o menos generalizada que consiste en afirmar cómo la mayoría de jóvenes de hoy día suelen ser díscolos, pasotas, y sin más criterio que el proporcionado por las abusivas redes sociales, única opción en la que creen y donde no dejan de actuar.
Puede que tal afirmación proceda en su mayor parte de padres y familias decepcionados por el presente y preocupados por el futuro de quienes son sus herederos y a quienes quisieran imaginar siempre en situación más elevada que la que ellos, en su día alcanzaron.
No creo en dicha afirmación, más que en determinados casos concretos, tristes, desafortunados y de los que, en verdad,  todos conocemos alguno. Pero con estas líneas de hoy quisiera refutar esa idea, añadiendo además pruebas concluyentes. Pruebas que tienen a nuestra ciudad como protagonista y a muchos de los jóvenes que la habitan como ejecutores de un positivismo total.
Hace unos años un grupo de ellos decidieron unirse para crear una asociación sin ánimo de lucro, cuyo nombre encabeza este artículo, y con el proyecto común de revitalizar los organismos, municipales y ciudadanos, en pro de una mayor efectividad en el desarrollo cotidiano de las necesidades de la ciudad junto con una reivindicación de su historia en todos los ámbitos de la misma. En ese sentido han ido trabajando día a día, sin desaliento y con una animosidad efervescente que por calificarla de algún modo, a quien escribe, solo se le ocurre el vocablo de envidiable.
Sus actividades van de lo teórico a lo práctico y abarcan aspectos tan diversos como la Naturaleza, realizando desde recorridos por la montaña, por la diversidad vegetal, por el conocimiento de las aves, hasta el intento de recobrar costumbres lejanas pero muy nuestras, fiestas, folklore, canciones, cocina, y hasta formas de hábitat o de vestuario en lo que ya es una verdadera investigación etnológica, nunca realizada hasta ahora y con ánimo de aumentar en todo lo que sea posible.
Ni que decir tiene que lo primero en hacer fue la búsqueda de hombres y mujeres cuya edad signifique no una carga sino un cúmulo de vivencias y experiencias pasadas, y cuyo interés humano es de una calidad impresionante.
Uno de los últimos logros ha sido la presentación de un libro muy especial, con ilustraciones preciosas, que se ha distribuido a colegios e institutos, y cuyo nombre es “Descubre Marbella y San Pedro”. Indispensable para una integración completa del niño en su medio, en la ciudad que debe conocer desde su balbuceo para aprender a quererla y hacerla mejor. La intención es que  no haya un alumno que desconozca lo esencial de un pueblo privilegiado por su clima pero cuyo contenido es tan bello o más que su continente. Recomiendo vivamente a quien todavía no lo haya visto y leído su posesión inmediata.

Permítanme por una vez poner nombres propios a quienes se les ocurrió y fueron capaces de llevar a término esta idea genial: Javier Lima y David Bailón. Entusiastas al máximo,  generosos y pacientes hasta unos límites que no son muy comunes.
Marbella Activa, convoca también hasta finales de abril su anual concurso de relatos, ayudados por la Fundación del Hotel El Fuerte, siempre con el lema de conocer más la ciudad ya sea su pasado, su presente y hasta, si alguno se atreve, su futuro.
“Mujeres de las Veredas”, un grupo dentro de la asociación, dirigido por Dolores Navarro, organiza sus marchas mensualmente con el objetivo de conocer bien Sierra Blanca, y al mismo tiempo de crear caminos y veredas por donde recorrerlas mejor.
El incombustible Antonio Figueredo, el Feliz R. de la Fuente de los pájaros de la costa desde Marbella hasta Algeciras, el hombre sabio de la naturaleza, acompaña con sus conocimientos cada salida que la asociación realiza como un homenaje a nuestra naturaleza singular.
Y por si algo faltara, Marbella Activa se ha propuesto conseguir que nuestro espeto de sardinas y nuestras moragas sean reconocidas  fuera de nuestras fronteras como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Elevar a nuestras humildes pero riquísimas sardinas al más alto empíreo gastronómico. Lo conseguirán, estoy segura.
Les decía que a los jóvenes hay que conocerlos bien antes de emitir una afirmación negativa. Sencillamente, creo que hay que darles algo en los que el cerebro y el sentimiento se unan. Verán como dejan de ser pasotas.
Marbella Activa no es solo una asociación. Es una hoguera cuyo fuego te quema en cuanto te acercas. Gracias a ellos por incluirnos a los no tan jóvenes. Gracias por su entusiasmo. También en lo cotidiano se puede ser héroe.

                                                                                           
Ana  María  Mata   
(Historiadora y Novelista)

8 de marzo de 2017

DIA DE LA MUJER



¡Nos han concedido un día!...Generosidad incomparable. Magnanimidad digna de encomio por parte de una sociedad que atesora en su haber, solo en España veinte asesinatos de mujeres en lo que va de año. Muestra de gentileza hacia quienes, en el fondo, muchos, y entre ellos algunos políticos europeos, como el polaco último, siguen considerando distintas, inferiores, y hasta retrasadas en comparación con el hombre, valor siempre en alza, indiscutible rey de la Creación, al que, a pesar de su gran inteligencia, Eva pudo arrebatarle las delicias de Paraíso con una simple manzana.
Decía que nos hemos merecido un día. Espléndido. Como la Banderita, el Oso Panda en extinción, la Fibromialgia o los enamorados. Estupidez colectiva y comercial dentro de la cual se solapan asuntos tan tremendos como enfermedades, cuyo interés no debería tener fechas conmemorativas, sino realidades fácticas.
Pero somos así, vocingleros e ineficaces. Rimbombantes y llenos de lagunas chapuceras. El día de la mujer, es un ejemplo de ello. No necesitamos una festividad, sino un reconocimiento de lo que podemos o no valer, sin que en ello entre en juego las cualidades físicas ni el parentesco político o familiar. El día que una mujer ejecutiva gane un sueldo equiparable al de un hombre realizando la misma función, o que el marido --versus pareja-  de cualquier edad conozca donde están los diferentes utensilios de la cocina de su hogar sin equivocarse, ese sí será un día para festejarlo. El verdadero día de la mujer. O ese otro, mucho más lejano en el que las mujeres árabes decidieran y las dejasen exponer a la luz el rostro al completo, y las europeas no fuesen apaleadas como si de muñecas vivientes se tratara por un “compañero” cuyo amor se demuestra  a golpes.
De todas formas, como estamos en ello, aprovechemos este fastuoso día para recordar y homenajear a un puñado de féminas cuya trayectoria fue o es impecable. Mujeres que dejaron el corazón, la mente y las fuerzas en conseguir que apostaran por su trabajo, a veces, por desgracia, sin total resultado.
Como las únicas, casi, que han alcanzado renombre y llegado hasta hoy son extranjeras, les daré prioridad. Nadie olvida a Maríe Curie, premio Nobel de Física y Química, ni a Rosa Parks, la afroamericana que no se levantó de su asiento en el autobús  para dárselo a un  hombre, como era lo establecido. O más cercana en el tiempo, a la Madre Teresa de Calcuta, ejemplo máximo de entrega a los marginados.
En España, nombremos a Clara Campoamor, defensora a ultranza del sufragio femenino, alcanzado en 1933, siguiendo por su aparente rival en ello, Victoria Kent, primera mujer directora de prisiones y creadora de reformas penitenciarias esenciales ( se opuso al voto en ese tiempo por la gran influencia de la Iglesia sobre mujeres analfabetas), continuando con Teresa Claramunt, fallecida en 1930, obrera textil anarcosindicalista que reivindicó el papel que las madres transmiten a los hijos, pidiendo igualdad. Y en otro aspecto, Carmen de Burgos (Colombine) almeriense, periodista y escritora tras largos esfuerzos, relacionada sentimentalmente con Ramón Gómez de la Serna, y corresponsal de guerra en Melilla o María Lejárraga, cuyas obras llevaron durante largo tiempo el nombre de su marido para poder publicarlas. Sin olvidar a María Goyri, primera mujer licenciada en Filosofía en 1892, a quien dos guardias llevaban diariamente a la clase en la Universidad, por el revuelo que su presencia armaba en el aula.
Un pequeño abanico de mujeres que lucharon por una igualdad entonces impensable, sometidas algunas a la tiranía de personajes como Juan Ramón Jiménez, excelso poeta pero maníaco hasta la extenuación, y al que Zenobia Camprubí dedicó toda su joven vida personal, renunciando a la suya profesional de traductora y poetisa.
Mujeres sin nombres, la inmensa mayoría heroínas del hogar, desde aquellas que además de trabajar en la crianza y sus  faenas domésticas, también ayudaban a la recolección,  a las matanzas de animales y  a la venta de los productos del campo. Mujeres que fueron asesinadas por adulterio a manos de quien lo era en excesivo pero le estaba permitido. Mujeres viudas después de la guerra, sacando adelante a sus hijos sin más ayuda que sus manos y una espalda destrozada, pero en silencio. Mujeres que ayudan al sacerdote y trabajan en la Iglesia con afán sobrenatural, pero de segunda categoría para una jerarquía anquilosada. Investigadoras que fueron apartadas de sus descubrimientos para ponerlos después bajo nombres masculinos.
Mujeres en fin a las que hasta ahora llamaban el “sexo débil”, hoy en cuestión.
A todas ellas, las fallecidas, las de ayer y las de cada día, van estas letras, de reconocimiento identitario. Les debemos mucho más que un 8 de marzo.
                                                                                              
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista)