20 de marzo de 2017

MARBELLA ACTIVA

Existe una opinión, más o menos generalizada que consiste en afirmar cómo la mayoría de jóvenes de hoy día suelen ser díscolos, pasotas, y sin más criterio que el proporcionado por las abusivas redes sociales, única opción en la que creen y donde no dejan de actuar.
Puede que tal afirmación proceda en su mayor parte de padres y familias decepcionados por el presente y preocupados por el futuro de quienes son sus herederos y a quienes quisieran imaginar siempre en situación más elevada que la que ellos, en su día alcanzaron.
No creo en dicha afirmación, más que en determinados casos concretos, tristes, desafortunados y de los que, en verdad,  todos conocemos alguno. Pero con estas líneas de hoy quisiera refutar esa idea, añadiendo además pruebas concluyentes. Pruebas que tienen a nuestra ciudad como protagonista y a muchos de los jóvenes que la habitan como ejecutores de un positivismo total.
Hace unos años un grupo de ellos decidieron unirse para crear una asociación sin ánimo de lucro, cuyo nombre encabeza este artículo, y con el proyecto común de revitalizar los organismos, municipales y ciudadanos, en pro de una mayor efectividad en el desarrollo cotidiano de las necesidades de la ciudad junto con una reivindicación de su historia en todos los ámbitos de la misma. En ese sentido han ido trabajando día a día, sin desaliento y con una animosidad efervescente que por calificarla de algún modo, a quien escribe, solo se le ocurre el vocablo de envidiable.
Sus actividades van de lo teórico a lo práctico y abarcan aspectos tan diversos como la Naturaleza, realizando desde recorridos por la montaña, por la diversidad vegetal, por el conocimiento de las aves, hasta el intento de recobrar costumbres lejanas pero muy nuestras, fiestas, folklore, canciones, cocina, y hasta formas de hábitat o de vestuario en lo que ya es una verdadera investigación etnológica, nunca realizada hasta ahora y con ánimo de aumentar en todo lo que sea posible.
Ni que decir tiene que lo primero en hacer fue la búsqueda de hombres y mujeres cuya edad signifique no una carga sino un cúmulo de vivencias y experiencias pasadas, y cuyo interés humano es de una calidad impresionante.
Uno de los últimos logros ha sido la presentación de un libro muy especial, con ilustraciones preciosas, que se ha distribuido a colegios e institutos, y cuyo nombre es “Descubre Marbella y San Pedro”. Indispensable para una integración completa del niño en su medio, en la ciudad que debe conocer desde su balbuceo para aprender a quererla y hacerla mejor. La intención es que  no haya un alumno que desconozca lo esencial de un pueblo privilegiado por su clima pero cuyo contenido es tan bello o más que su continente. Recomiendo vivamente a quien todavía no lo haya visto y leído su posesión inmediata.

Permítanme por una vez poner nombres propios a quienes se les ocurrió y fueron capaces de llevar a término esta idea genial: Javier Lima y David Bailón. Entusiastas al máximo,  generosos y pacientes hasta unos límites que no son muy comunes.
Marbella Activa, convoca también hasta finales de abril su anual concurso de relatos, ayudados por la Fundación del Hotel El Fuerte, siempre con el lema de conocer más la ciudad ya sea su pasado, su presente y hasta, si alguno se atreve, su futuro.
“Mujeres de las Veredas”, un grupo dentro de la asociación, dirigido por Dolores Navarro, organiza sus marchas mensualmente con el objetivo de conocer bien Sierra Blanca, y al mismo tiempo de crear caminos y veredas por donde recorrerlas mejor.
El incombustible Antonio Figueredo, el Feliz R. de la Fuente de los pájaros de la costa desde Marbella hasta Algeciras, el hombre sabio de la naturaleza, acompaña con sus conocimientos cada salida que la asociación realiza como un homenaje a nuestra naturaleza singular.
Y por si algo faltara, Marbella Activa se ha propuesto conseguir que nuestro espeto de sardinas y nuestras moragas sean reconocidas  fuera de nuestras fronteras como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Elevar a nuestras humildes pero riquísimas sardinas al más alto empíreo gastronómico. Lo conseguirán, estoy segura.
Les decía que a los jóvenes hay que conocerlos bien antes de emitir una afirmación negativa. Sencillamente, creo que hay que darles algo en los que el cerebro y el sentimiento se unan. Verán como dejan de ser pasotas.
Marbella Activa no es solo una asociación. Es una hoguera cuyo fuego te quema en cuanto te acercas. Gracias a ellos por incluirnos a los no tan jóvenes. Gracias por su entusiasmo. También en lo cotidiano se puede ser héroe.

                                                                                           
Ana  María  Mata   
(Historiadora y Novelista)

8 de marzo de 2017

DIA DE LA MUJER



¡Nos han concedido un día!...Generosidad incomparable. Magnanimidad digna de encomio por parte de una sociedad que atesora en su haber, solo en España veinte asesinatos de mujeres en lo que va de año. Muestra de gentileza hacia quienes, en el fondo, muchos, y entre ellos algunos políticos europeos, como el polaco último, siguen considerando distintas, inferiores, y hasta retrasadas en comparación con el hombre, valor siempre en alza, indiscutible rey de la Creación, al que, a pesar de su gran inteligencia, Eva pudo arrebatarle las delicias de Paraíso con una simple manzana.
Decía que nos hemos merecido un día. Espléndido. Como la Banderita, el Oso Panda en extinción, la Fibromialgia o los enamorados. Estupidez colectiva y comercial dentro de la cual se solapan asuntos tan tremendos como enfermedades, cuyo interés no debería tener fechas conmemorativas, sino realidades fácticas.
Pero somos así, vocingleros e ineficaces. Rimbombantes y llenos de lagunas chapuceras. El día de la mujer, es un ejemplo de ello. No necesitamos una festividad, sino un reconocimiento de lo que podemos o no valer, sin que en ello entre en juego las cualidades físicas ni el parentesco político o familiar. El día que una mujer ejecutiva gane un sueldo equiparable al de un hombre realizando la misma función, o que el marido --versus pareja-  de cualquier edad conozca donde están los diferentes utensilios de la cocina de su hogar sin equivocarse, ese sí será un día para festejarlo. El verdadero día de la mujer. O ese otro, mucho más lejano en el que las mujeres árabes decidieran y las dejasen exponer a la luz el rostro al completo, y las europeas no fuesen apaleadas como si de muñecas vivientes se tratara por un “compañero” cuyo amor se demuestra  a golpes.
De todas formas, como estamos en ello, aprovechemos este fastuoso día para recordar y homenajear a un puñado de féminas cuya trayectoria fue o es impecable. Mujeres que dejaron el corazón, la mente y las fuerzas en conseguir que apostaran por su trabajo, a veces, por desgracia, sin total resultado.
Como las únicas, casi, que han alcanzado renombre y llegado hasta hoy son extranjeras, les daré prioridad. Nadie olvida a Maríe Curie, premio Nobel de Física y Química, ni a Rosa Parks, la afroamericana que no se levantó de su asiento en el autobús  para dárselo a un  hombre, como era lo establecido. O más cercana en el tiempo, a la Madre Teresa de Calcuta, ejemplo máximo de entrega a los marginados.
En España, nombremos a Clara Campoamor, defensora a ultranza del sufragio femenino, alcanzado en 1933, siguiendo por su aparente rival en ello, Victoria Kent, primera mujer directora de prisiones y creadora de reformas penitenciarias esenciales ( se opuso al voto en ese tiempo por la gran influencia de la Iglesia sobre mujeres analfabetas), continuando con Teresa Claramunt, fallecida en 1930, obrera textil anarcosindicalista que reivindicó el papel que las madres transmiten a los hijos, pidiendo igualdad. Y en otro aspecto, Carmen de Burgos (Colombine) almeriense, periodista y escritora tras largos esfuerzos, relacionada sentimentalmente con Ramón Gómez de la Serna, y corresponsal de guerra en Melilla o María Lejárraga, cuyas obras llevaron durante largo tiempo el nombre de su marido para poder publicarlas. Sin olvidar a María Goyri, primera mujer licenciada en Filosofía en 1892, a quien dos guardias llevaban diariamente a la clase en la Universidad, por el revuelo que su presencia armaba en el aula.
Un pequeño abanico de mujeres que lucharon por una igualdad entonces impensable, sometidas algunas a la tiranía de personajes como Juan Ramón Jiménez, excelso poeta pero maníaco hasta la extenuación, y al que Zenobia Camprubí dedicó toda su joven vida personal, renunciando a la suya profesional de traductora y poetisa.
Mujeres sin nombres, la inmensa mayoría heroínas del hogar, desde aquellas que además de trabajar en la crianza y sus  faenas domésticas, también ayudaban a la recolección,  a las matanzas de animales y  a la venta de los productos del campo. Mujeres que fueron asesinadas por adulterio a manos de quien lo era en excesivo pero le estaba permitido. Mujeres viudas después de la guerra, sacando adelante a sus hijos sin más ayuda que sus manos y una espalda destrozada, pero en silencio. Mujeres que ayudan al sacerdote y trabajan en la Iglesia con afán sobrenatural, pero de segunda categoría para una jerarquía anquilosada. Investigadoras que fueron apartadas de sus descubrimientos para ponerlos después bajo nombres masculinos.
Mujeres en fin a las que hasta ahora llamaban el “sexo débil”, hoy en cuestión.
A todas ellas, las fallecidas, las de ayer y las de cada día, van estas letras, de reconocimiento identitario. Les debemos mucho más que un 8 de marzo.
                                                                                              
Ana  María Mata
(Historiadora y Novelista)

28 de febrero de 2017

ADIOS A NUESTRO HÉROE


Estas lágrimas que no he podido contener y caen sobre el ordenador, Pablo, son de despedida. Una despedida que no hubiese deseado tener que hacer nunca, que ha llegado demasiado pronto, que todos creíamos ibas a derrotar para siempre.
Contemplo tus ojos negros, inmensos, habladores, impresionantes cada vez que te veíamos en tu habitual gesto de valentía, esos ojos que han acompañado a una sonrisa cautivadora, ejemplar, aleccionadora para tantos, amistosa también, única por venir de quien venía, un joven como tú, castigado con crueldad incompresible para tu edad y juventud. Deportista y fuerte, lleno de ilusiones en unos veinte años que empezaban a saborear la edad de los proyectos, del amor, de la amistad y las ganas de vencer a cualquier enemigo que viniese de frente.
Has conocido el dolor, la desesperanza y la tristeza en un tiempo en el que te hubiera correspondido por cronología vivir a tope, saborear la fortaleza que tu cuerpo, -ese brazo en alto., esa mirada, parecía poseer cada vez que aparecías para decirnos ¡adelante!, continuad a mi lado, un día más, otro, otro…hasta la extenuación, si hace falta.
Tal vez ella, cuyo horrible nombre no va a ser escrito, piense que ha  ganado, pero se equivoca. No ha hecho méritos, no ha presentado frentes, se introdujo en tu sangre a traición, escondida en tu feroz juventud, entre tu resistencia y unas fuerzas que has mantenido hasta el fin. Tenía envidia de tu gran espíritu, de tus planes, hasta de tu belleza, porque es cierto que eras guapo a rabiar, y más que lo parecías cuando nos mirabas desde los medios de frente, sonriendo y hasta ofreciendo ánimo a todos.
Hasta te convirtió en poeta, con frases insuperables: “La muerte forma parte de la vida, no hay que temerla, sino amarla…”, “Haz un bien común, deja de pensar en el yo, yo, yo”…con filosofía aplastante de sabio oriental que practica con el ejemplo.
Has triunfado en tu propósito porque has conseguido llegar donde querías: Al millón de donantes de médula, a que todos nos pongamos a pensar en los que sufren, nadie podía eludir tu mensaje, los medios te querían, abarrotabas porque eras de verdad, porque tu corazón hablaba por ti y no la publicidad.
No podrás ser bombero, pero has llegado mucho más arriba. Eres una insignia, el modelo a seguir para cuantos sean compañeros de hospitales y dolor, el ejemplo de superación para jóvenes aturdidos, tantos como hay que dicen no encontrar un camino, que lo buscan en drogas y venenos similares; muchos que se hastían sin haber vivido, sin conocer el placer del esfuerzo, la alegría de ayudar al amigo o compañero.
Gracias, Pablo. Una vez más y las que hagan falta. Por existir aunque te hayamos disfrutado demasiado poco. Porque personas como tú nos reconcilian con la complejidad de esta vida que te gustaba tanto.
¡Siempre fuerte!, decías, como lema de tu combate. Escasean personas como tu, y por ello te echaremos mucho de menos. Nos sentimos tan orgullosos de ti que esperamos puedas ver desde tu nuevo hábitat a una ciudad entera, a una nación incluso, derramando lágrimas por  tu ausencia futura, por la falta de tu sonrisa, aunque tu mirada. Pablo, esa intensidad ¡ay! de tus ojos, nos pertenecerá siempre.
Has quedado grabado al fuego vivo en la retina y el alma de quienes te hemos seguido desde el principio. Los héroes no mueren, se eternizan en el recuerdo.
Recibe junto a la  Medalla de la Ciudad  un ¡gracias! muy fuerte y un beso enorme de todos los que no queremos ni podremos olvidarte.
                                                                                                     
Ana María Mata 
(Historiadora y Novelista)                                                      

17 de febrero de 2017

NEFASTA GESTIÓN CULTURAL

Podemos presumir de muchas cosas los que en Marbella vivimos. De algunas, con exceso de vanidad, puesto que nada hemos hecho para poseer una sierra como la que tenemos, un Mediterráneo bellísimo, y como consecuencia, un clima que para ellos quisieran los mismísimos ángeles. Suerte. Baraka. Azar, al fin y al cabo, ese azar que  ha sido menos benévolo con Tarifa, por ejemplo, y el resto de pueblos de Cádiz, en los que el dios Eolo reina e impera fastidiando el placer de playas sensacionales.
Vanidad o no, son nuestro mayor patrimonio y esperemos que la suerte y nuestra geografía no nos abandonen nunca. Si lo hicieran, siento decir que nos quedaríamos en mantillas y huérfanos de otros valores que, ahora sí, van acumulando otras ciudades por sus propios medios y una voluntad firme de conservación.
Marbella, embriagada por su belleza, ha olvidado, por desgracia, el vocablo cultura, en todas sus acepciones y formas. Pocos de sus gobernantes apostaron por ella ni valorizaron cuanto de aliciente, formativo y turístico, además, posee. Adjetivada por algunos como la Cenicienta de los presupuestos, solo una pequeñísima parte de ellos le llega, y siempre como el zapato de cristal, a última hora, o demasiado tarde.
Craso error, que algunos hemos denunciado sin descanso, y que ahora, al día de hoy, nos da derecho para gritar a quienes lo quieran oír, la palabra Ineficacia a los cuatro vientos, como el resultado de una gestión realizada por ineptos, o en último caso por ignorantes culturales.
No es mi pretensión ofender, sino pedir explicaciones al hecho, insuficientemente explicado de cómo un señor, contratado por el municipio como cargo de confianza para asesorar sobre programas a desarrollar con fondos europeos y subvenciones y convenios con otras entidades –como tal reza en la web del Ayuntamiento- puede dejar escapar la cantidad de más de un millón de euros ofrecida por la Administración general, para, en este caso concreto, financiar la ampliación y puesta en marcha definitiva del Museo del Grabado Contemporáneo.
Sabemos que el museo es único en España, y por si fuese poco, es igualmente único en Marbella, salvo que anotemos el glorioso Cum Laude que el señor Gil tuvo a bien concedernos con la calderilla sobrante de unas bolsas ya famosas por su contenido. Me refiero al de los Bonsais.
Después de años de lucha en los medios, sigo preguntándome y pregunto a mis sufridos lectores, si tienen conocimiento de algo relacionado o incluido en lo Cultural, que poseamos sin saberlo, o nos haya ocurrido como hecho puntual destacado. Es cierto que Vargas Llosa fue nuestro visitante asiduo en la Buchinger, (sin la Preysler y para adelgazar), que Plácido Domingo actuó en el Starlite anterior y que esporádicamente llega un autor a presentar y vendernos su libros…pero, aparte de esos polvos de estrellas, ¿hay algo más?
Se que aburre repetir lo que ya parece un estribillo. A pesar de ello, necesito hacerlo.
No tenemos Casa de la Cultura (apunte: Don Benito, en Badajoz, tiene una realizada por Moneo), Centro de talleres de escritura o pintura para jóvenes, un Cine Club digno, Conservatorio musical, ídem, y existen pocas asociaciones culturales.  Por no tener, carecemos de biblioteca , que es el non plus ultra de la dejadez, y para colmo, hemos perdido de momento, la UNED. ¿Hay quien de  más?
Como historiadora y mujer de libros, me avergüenzo de la situación de mi ciudad en la que tenemos más bancos (no para sentarse)  por metro cuadrado que árboles, más campos de golf que escuelas y más restaurantes y bares que cines, teatros y bibliotecas.
No elegiría para vivir un lugar con estas características de no ser porque el nacimiento condiciona y el terruño, aunque tenga defectos, como a los hijos, se le quiere. Pero no me digan, por favor que como Marbella no hay nada, porque eso es chauvinismo y demagogia, y ni soy política, ni de serlo, aspiraría a ser como Trump.
Málaga podría enseñarnos algo si tuviésemos la voluntad de aprender. Si el conocimiento nos importara, y en el capítulo de los placeres, dejáramos introducir en nuestro interior, el producido por la cultura.

                                                                                                   
Ana  María  Mata
(Historiadora y Novelista)  

4 de febrero de 2017

ADIOS, PADRE ECHAMENDI

(Publicado en Diario SUR el 2 de febrero de 2017)
Ahora, cuando ya ha traspasado las puertas del gran misterio, cuando la tierra es el pasado y la trascendencia le pertenece, es cuando desearía más que nada poder charlar una vez más con usted, Don Francisco, preguntarle más como amiga que como feligresa si la Verdad con esta mayúscula diferenciadora  está con su espíritu, esa verdad de la que tanto hemos hablado “sotto voce”, ese Absoluto que contiene en sí el motivo de la vida, y es tan difícil de comprender.
 Le digo adiós con estas líneas que usted sabía iba a escribir de corazón. Imposible no hacerlo para despedir al cura más especial que hemos tenido desde que tengo uso de razón y pertenezco a la Parroquia de Marbella. La de toda la vida, parroquia de la Encarnación, en donde lo hemos tenido hasta que sus fuerzas se volvieron débiles. Creo recordar que llegó a ella después de un cura único en su género, el más famoso por entonces de España, y eso era una prueba de la confianza que los superiores tenían en un navarro, intelectual por encima, incluso, de una sotana que ya estaba en desuso.
Sé que llegó voluntariamente para ser Pastor después de una gran trayectoria universitaria y periodística. Que en Madrid protestaron por su marcha alumnos ya catedráticos y figuras de todo orden social. Que incluso D. Angel Herrera, del que fue secretario personal, el gran fundador de El Debate, le consultaba sus decisiones. Tenía un “carrerón” en la Curia, la posibilidad de un birrete cardenalicio incluido, y eligió Marbella.
Eligió una ciudad difícil, imbuida en su propia fama, plena de contrastes entre los de fuera y los de dentro, entre el papel couché y su gente anónima, también entre los avanzados post-conciliares y los retrógrados a marcha y martillo.  Cabriolas hubo de hacer para entrometer su figura del norte dentro del andalucismo recalcitrante, sus ideas novísimas junto a las muy fuertemente arraigadas populares. Me consta que no fue fácil hacerles ver que sería pronto uno más junto a nosotros, me consta que los libros le ayudaron a sortear la soledad primera.
Lo consiguió. Iba a escribir “triunfó”, pero como filólogo no le hubiera gustado, porque no correspondía a su intención. Se propuso querernos con nuestros errores y nuestros gozos, con nuestra  idiosincracia, hecha de Semanas Santas y muchos vasos de vino, de silencios y voces exageradas, de contradicciones repletas luego de buena fe.  Se lo propuso y puedo decirle ahora al profesor que siempre llevó dentro, que hay un sobresaliente Cum Laude dentro de todo aquel marbellero que lo conoció bien.
Puede que sus sermones no fuesen siempre entendidos en su totalidad, su exquisita cultura interpretada en negativo, pero le confieso que una conversación larga, incluso un pequeño debate, eran placeres de cuya pérdida no lograré restablecerme. Conocí a un cura muy cura, fiel a tope, pero capaz de intentar comprender al contrario con una sonrisa y una frase brillante. Interlocutor extraordinario, maestro de la filigrana verbal y escrita, hombre de Dios y de la humanidad hecha de barro.
Fui conociendo su cercanía a nuestra gente al mismo tiempo que descubría su inmensa cultura bibliófila. Nadie parecía leer más libros que usted (Acuérdese, “mejor que una amante, un libro, llegué a decirle…) por su avidez lectora, por su buena calidad de comunicar lo leído.    Estaba mal acostumbrada a los personajes con hábitos que había conocido, a la falta de rigor, al sobre uso de la imposición por ella misma, sin argumentos.
Me hizo creer en una Iglesia distinta y le agradezco su empuje en mis revueltas contra lo establecido. Le agradezco hacernos ver a todos que lo esencial es el Evangelio y no sus formas externas excesivamente ampulosas. Entiendo mejor ahora a aquellos que no piensan igual que yo. Lo aprendí de su metodología, no se si didáctica, pero sí amistosa.
Gracias, Don Francisco por su ejemplo como sacerdote y persona de hoy. Creo que nos hizo mucho bien a todos tenerlo entre nosotros. Ser uno más y demostrarlo día a día.
Allá en el Absoluto del que tanto le pregunté, no nos eche en olvido. Puede que desde allí le siga gustando tanto esta ciudad de la que fue un gran Pastor.

Ana  María Mata
Historiadora  y novelista




NO ES POSIBLE EL OLVIDO

Es posible que las generaciones más jóvenes de europeos desconozcan el pasado, y que quienes pasan de más de cuarenta años estén empezando a olvidarlo. Al menos eso dicen algunos autores en relación con la conmemoración del Holocausto, cuyo aniversario se celebraba este pasado 27 de Enero.  Ese mismo día setenta y dos años antes, fue liberado por las tropas soviéticas el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia. Seis millones de víctimas fue el resultado de un continente arrasado por una guerra provocada por unos dirigentes criminales sin escrúpulos.
No es posible, no podemos olvidar. Si la memoria es la expresión silenciosa del alma, solo nos queda ella para sentir, al menos,  vergüenza de lo que el ser humano es capaz de infringir a otro, y que ese recuerdo sirva, como dijo Santayana, para que no estemos condenados a repetirlo.
El proceso de selección de los deportados que llegaban a Auschwitz es uno de los momentos más atroces de la historia. En solo unos segundos, un grupo de las S.S. entre los que se encontraba el siniestro doctor Mengele, decidía sobre la vida y la muerte, separaba a familias, enviaba a morir lentamente por el trabajo forzado a los que consideraba aptos, y a las cámaras de gas a los demás.
Dos agentes de las SS, Ernst Hofmann y Berhard Walter se dedicaron a fotografiar ese proceso hasta que llegaban a la cámara de gas, y una superviviente Lilly Jacob, mientras se recuperaba del tifus en las antiguas barracas de dichos agentes, encontró por casualidad el álbum en el cajón de la mesilla de noche de uno de ellos. Primero reconoció a su rabino, luego a algunos de sus vecinos, más tarde a sus hermanos Israel y Zelig. Lilly Jacob emigró a Estados Unidos y se llevó consigo el álbum que fue utilizado en procesos contra criminales de guerra. Antes de morir lo donó al Museo de la Shoah en Jerusalén.
En las fotografías los rostros desencajados de los prisioneros de cualquier edad, incluidos ancianos y bebés en brazos de sus madres de las que serían separados de inmediato, no necesitan palabras. O mejor dicho, no existen vocablos capaces de expresar el sentimiento reflejado en blanco y negro por seres arrojados a la muerte con idéntica indiferencia con la que se arrojan restos de basura despreciable.
El Holocausto fue mucho más que un delirio de un fanático antisemita. Porque junto a él hubo seres inteligentes, intelectuales, artistas y profesionales de todo que vivieron juntos los horribles crímenes y palparon de cerca, incluso sirviendo de ayudantes, de la masacre que se estaba llevando a cabo. Un hecho como ese no surge de golpe ni se realiza en unos días. Hace falta preparación, método, tiempo y ayudantes voluntarios, además de los dolorosamente obligados. Todo eso con el paso del tiempo parece olvidarse. No somos conscientes de que muchos horrores comienzan con unas declaraciones del poderoso en un primer momento, siguen con un mandato, siguen aún más con un orador vehemente culpando a quien aborrece de los males que le aquejan. Exclamando que va a salvar a su país de aquellos que estorban para su desarrollo. Emitiendo órdenes de deportaciones y negación de entradas. Buscando apoyos en quienes piensen o sientan como él.
Parece que la posibilidad de repetir barbaridades no es tan escasa. Estamos en el introito de algo distinto a lo que nos ha costado mucho tiempo declarar como Derechos Humanos inviolables. Estamos a las puertas de una catástrofe cuyo contenido se nos puede escapar de las manos. En el preámbulo de una situación inesperada pero no suficientemente analizada por quienes podemos ser  observadores pero no del todo inocentes.
Los primeros pasos de un hombre tan poderoso como estrafalario y desquiciado van dejando semillas que ojalá  mueran sin obtener frutos. Pero atentos, que el señor artífice del Holocausto acariciaba a los niños y tomaba en brazos a su perro con ternura.
Deberíamos tener cuidado con aquellos que vienen de profetas aunque lo sean en su tierra.
Cuidado con los que miran por encima del hombro a los que no son como él.

Ana  María Mata
Historiadora y novelista

17 de enero de 2017

ADIÓS A UN GRAN PROFESOR Y AMIGO

Tendemos a evitar que la muerte ocupe espacio en nuestra vida cotidiana, siendo como es lo único definitivo que en realidad poseemos. Por eso, sin duda, yo creía que Vicente no iba a dejarnos nunca. Me ha pillado desprevenida, lo confieso. Estaba tan acostumbrada a nuestro rato diario de conversación en la Librería de mi hermano, tan habituada a sus comentarios lúcidos y a veces jocosos de casi todo, a su sosegada voz, siempre ecuánime, a su interés por cuanto podía pasarle a los amigos…que esos cinco días de ausencia no fueron suficientes para hacerme creer que no volveríamos a vernos más.
Foto Diario SUR
 Se fue ayer y ya lo echo de menos. Hoy, cuando volvíamos mi marido y yo de su funeral en la Encarnación –su iglesia, nuestra iglesia de siempre, donde él tanto ha colaborado– no he podido mirar la silla vacía que, rodeada de libros, seguía esperándole. Las lágrimas rodaron espontáneas, sintiendo junto a ellas la presencia frágil de Vicente Ramón Ortega, Don Vicente para sus alumnos, su sonrisa auténtica, el conocido maletín donde guardaba los periódicos y los libros, algún encargo de Maruja, un cuento quizás para su nieta.
Me cuesta creer que se haya ido definitivamente el hombre cuyo corazón le asustó infartándose hace años y logró superarlo. Como superaba una y otra vez el Cintrón, dichoso medicamento que hacía sangrar su nariz, para evitar coágulos. Me había acostumbrado a su paseo diario hasta reunirnos en la Librería, que era para él un segundo rincón familiar, una parada durante años y años, obligatoria y deseada.
No tuve la suerte de ser su alumna, pero a posteriori he aprendido mucho de él. Me gustaría imitar su templanza, su rectitud moral, su profunda fe y religiosidad, su gran vocación pedagógica. Desde aquí le agradezco sus enseñanzas.
Vicente había nacido en Melilla, y llegó a Marbella desde Valencia, donde efectuaba estudios de Doctorado en Química Orgánica. Era el año 1958, en octubre. Se incorporó al cuarto curso del por entonces Instituto Laboral, sito en la anterior escuela de los Flechas Navales. Fue nombrado director al año de llegar, y más tarde, cuando se inauguró el que llamaron I.B Sierra Blanca, continuó allí su labor hasta la jubilación, anticipada porque su corazón le exigía tranquilidad.
Volvió a Valencia para casarse con su novia de siempre, Maruja, la mujer de su vida, la rubia más guapa de allí, que quiso aceptarme, solía decir, entre risas y recuerdos de juventud. Pero nunca más se fue de Marbella. Aprendió a conocer la ciudad desde sus profundas raíces históricas, de las que tanto hablábamos, conocía sus costumbres y conocía a su gente, porque tenía una curiosidad sana y fértil por los demás. No era un cristiano solo de rito y rezos. Colaboró fuertemente en la fundación de “Cáritas” de Marbella, y trabajó dentro de la organización, dando clases para emigrantes y refugiados.
Recordaremos siempre la figura pequeña de Vicente leyendo cada domingo la epístola desde el atril del altar mayor de la Encarnación. La Iglesia tuvo en él un exponente de los buenos, de los que con su fe sin alharacas, te invita a creer.
Fue el profesor de una generación hoy canosa y metida en nietos, que esta mañana lloraban su pérdida en el funeral. Les enseñó Química a algunos de ellos, pero sobre todo les enseñó a ser buenas gentes. Periodistas, médicos, arquitectos y restauradores de hoy, tuvieron en él a un hombre que supo vivir a fondo la transformación de Marbella desde los tiempos de La Jaula y el Salduba, pasando por Don Rodrigo, Banús, La Jet society y hasta Jesús Gil, que, como él me decía…”de todo por lo visto tiene que haber en la viña del Señor”.
Descansa en paz, Vicente. Nunca el título de Hijo Adoptivo estuvo mejor concedido que cuando te lo dieron a ti. Sabes que lo digo de verdad.
Echaré de menos nuestras pequeñas tertulias. Miraré tu silla vacía y desde ella, te mandaré casi diariamente un gran abrazo por tu sincera amistad.
Ana  María  Mata

Historiadora y novelista