17 de abril de 2018

RUMORES


La rumorología no siempre coincide con la verdad, aunque a veces, acaban en ella, suele decirse entre los periodistas que, por regla general, suelen hacerle caso. A pesar de ello, me entristece que algunas noticias relacionadas con el municipio sean objetos de rumores lejanos en lugar de llegar con la trasparencia que debieran. Y es que, en ocasiones, el ciudadano se hace preguntas que solo son contestadas a través de rumores o chismorreos.
Hoy voy a hacerme eco de uno de ellos porque afecta a un asunto del que acostumbro a escribir con cierta frecuencia.:la necesidad perentoria de una biblioteca en Marbella, y lo que supone que una ciudad como ella lleve largo tiempo con su carencia.
No conozco, lo digo abiertamente, ningún municipio cercano (algunos muchos más pequeños y con menos renombre que el nuestro) que carezca al menos de una biblioteca pública. Todavía más, las que conozco son edificios con solera y de una elevada prestancia. Marbella parece no necesitar el apoyo que los libros prestan al conocimiento y al acervo cultural de sus ciudadanos. O somos enciclopedias vivientes o nuestros mandatarios poseen un alto índice de necedad. Me temo lo peor.
Vayamos al rumor. Se dice que en el lugar que ocupaba hasta hace muy poco el Museo de los Bonsais, ahora clausurado, puede instalarse la esperada biblioteca, sustituyendo con ello, plantas especiales por libros. La noticia la he visto, incluso, escrita en algún periódico del ramo, ahora sí, en pequeñísimo formato, como si no quisieran darla. Lo he oído también de voces que considero informadas, pero en tono bajo y como al desgaire.
Imagino que la noticia, expresada así, puede corresponder a dos cosas: Una, que no sea cierto, y otra que quienes lo dicen piensen, como hacemos algunos, si de serlo, el lugar sería el más apropiado.
No por su ubicación, sino por las condiciones que, imagino ha debido tener el recinto mientras albergaba a esos árboles enanos, algunos de gran belleza. Condiciones que implicarían un grado de humedad alto, para su supervivencia, como casi toda planta que se precie. Y esa humedad habría de ser totalmente perjudicial en el supuesto caso de que decidiesen introducir en él los libros correspondientes.
Al ser solo un rumor que, al paso del tiempo parece no cumplirse, he decidido no preocuparme por ello, imaginando, de buena fe, que los implicados en el tema, habrán considerado lo de la humedad y demás consecuencias al margen.
No puedo, sin embargo reprimir una pregunta que como siempre, se escapa de mi cabeza al teclado: ¿Es posible que el Ayuntamiento de Marbella no encuentre un local adecuado al cabo de los años, para instalar en su interior una base de conocimiento y cultura tan importante? 

No creo que la creación de una Biblioteca digna fuese a significar el empobrecimiento de las arcas de la ciudad, más bien un gasto necesario entre los muchos que, entiendo, debe tener el consistorio. La extrañeza me viene de no haber visto reflejado en presupuestos anteriores partida alguna para ello, como si en lugar de un bien común cultural se tratase de una más de las muchas fanfarrias que a veces, nos vemos obligados a soportar.
Marbella no debería consentir que un elemento de ese calibre falte en su entorno si quiere merecer el título de ciudad completa y municipio destacado.

No solo de pan vive el hombre, dice un pasaje del Evangelio, y en esos términos, aquí tal vez poseamos ciertas cosas de relumbrón actual, pero siguen faltando las imprescindibles. Y una biblioteca, lo es. Algún día se darán cuenta del error.
                                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

27 de marzo de 2018

LA CLIMATOLOGÍA



Debo sonreír obligatoriamente al pensar como cambian las cosas al mismo tiempo que nosotros cambiamos con ellas. Cuando era adolescente recuerdo la forma tan explícita que existía para informarse del tiempo que iba a hacer en los días e incluso en los meses siguientes. Tal vez haya uno al menos de quienes me lean que recuerde la figura honorable de un monje con hábito marrón (capuchino o franciscano) que llevaba en su mano una barita y sobre la espalda un capuchón abultado. Todo ello enmarcado en una lámina de cartón troquelado que solía colocarse en las cocinas de las casas. Si el tiempo era o iba a ser bueno, el monje se despojaba de la capucha y su barita, en alto, indicaba la temperatura. Si amenazaba lluvia o frío, por arte de magia el religioso tapaba su cabeza y bajaba la barita con aire compungido.
Lo crean o no, rara vez se equivocaba el monje en sus movimientos, y por mucho sol que alumbrase, si decidía cubrirse la cabeza, con seguridad absoluta que pronto empezaría a llover. Era simpático el frailecito de entonces, que de existir hoy sería, sin duda una afamado metereólogo.
Tenemos hoy tantos medios de conocer el tiempo y tantos nombres que darle ,que basta un teléfono móvil para saber si en un mes podemos tumbarnos al sol o preparar el necesario paraguas. Las ciencias, ya se sabe, adelantan que es una barbaridad.

 Con este improvisado prefacio dedico estas líneas a lo que también llamamos meteorología o climatología. Con ella a cuestas, llevamos cerca de dos meses con un tiempo de perros. Visto desde Marbella no es asunto baladí. Casi seis semanas con un sol insignificante y huidizo, casi invisible, mientras hemos caído en manos de borrascas continuas, de cielos plomizos y grises, de lluvias en espacios desiguales y un viento huracanado y molesto a más no poder.
No estamos acostumbrados. O mejor dicho, estamos tan acostumbrados a que nuestro querido astro rey permanezca inamovible en el cielo que nos cubre, tanto, que esta infidelidad inesperada y repetida, nos causa un trastorno especial. Es como si, desde nuestro mal humor por la grisura ambiental le dijéramos que como puede hacernos esta faena a quienes ya lo tenemos y lo consideramos de la familia. El no puede fallarnos, porque de ser así…¿qué sería de nosotros?
Pregunta difícil. Respuesta más difícil todavía. Porque es inimaginable una Marbella como la que hemos vivido estas semanas anteriores Lo es por muchas razones. La primera porque es necesario afirmar, con humildad, que la razón de ser de nuestro turismo, de nuestra fama, es la climatología. No nos enfrasquemos, como hacemos a veces en buscar causas legendarias y complejas del por qué de haber llegado hasta aquí y seer lo que somos. El mérito es del astro que nos vigila en lo alto y a quien los egipcios, con sabiduría llamaron dios Rá. Y de las consecuencias climatológicas producidas por la singular urdimbre del mar y la sierra.
El hombre, nosotros, hemos añadido ornamento y un poco de voluntad. Ornamento no siempre adecuado, a veces incluso deplorable, pero del que hemos tenido la suerte de recibir el perdón. Ya que todo es bello cuando la luz nos inunda y el calorcillo se siente en la sangre. Y todo es triste en la oscuridad.
  

Como reflexión, valdría la pena añadir que nos faltan lugares, sitios y cosas que realizar cuando el cielo se entristece. Que nos faltan museos, locales cerrados acogedores, cines, teatro y distracción para los días de penumbra. Nos falta también, buen alcantarillado, y nos falta, para el tiempo que viene, arena. Arena con mayúsculas con que rellenar playas que hemos perdido en toda esta tristeza.
Esperamos que todo vuelva a sus ser. Mientras, ya ven, el clima es nuestro eje central. Hasta sirve para escribir este artículo mientras veo ondear mis árboles con un ulular sospechoso.
                                                                                            
 Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

12 de marzo de 2018

TURNO PARA MORIR

Casi un siglo después de las grandes tragedias del siglo XX, y a pesar de la Convención de Ginebra o la creación de las Naciones Unidas para intentar resolver los conflictos sin llegar a la guerra, cuan poca ha sido la aportación de la humanidad en ese sentido y que escasos los méritos adquiridos a favor de la paz.
Episodios como el Holocausto deberían habernos vacunado para siempre contra el régimen del terror. Nos parecía que, entonces, muchos miraron para otro lado y permitieron de ese modo que la crueldad reinara en territorios europeos. Pensábamos que  nunca jamás volverían a repetirse aquellas imágenes espeluznantes de seres sacrificados y exterminados, y he aquí que volvemos a ellas hoy en un mundo desarrollado tecnológicamente en exceso pero deshumanizado en sus relaciones personales.
Miremos a Siria por un momento. Aunque solo sea para hipotecar nuestra sonrisa durante el tiempo que la visión nos traiga una imagen cualquiera de la zona de Guta.
En el último bastión opositor en el cinturón rural de Damasco, el régimen de Bashar el Asad y sus aliados repiten la estrategia realizada en Alepo y combaten por tierra y aire en una zona urbana donde se estima que quedan unos 400.000 civiles. No hay líneas rojas y en los últimos cuatro días seis hospitales de Guta han sido atacados según Naciones Unidas.

Vecinos de Duma, la ciudad más importante de la zona de Guta, relatan a la agencia Reuters de este modo su desesperanza: “Esperamos nuestro turno para morir. Vivimos metidos en refugios. Hay seis o más familias juntas por casa y no queda comida…” contaron convencidos de su trágico futuro. Estas ciudades y aldeas están cercadas desde 2012.
El general Suheil al-Hassan, apodado “El Tigre” y conocido por sus victorias en Alepo y Palmira, difundió un mensaje a través de las redes sociales en el que los amenazó como enemigos, con darle una lección de combate y fuego. No se permite la entrada de camiones humanitarios con comida y servicios sanitarios para heridos.
“Esperando el turno para morir”. La frase más espantosa que se ha oído en boca de unos seres que desposeídos de todo, no tienen más que la palabra como último testimonio de unas vidas que van arrancando con precisión; como un epitafio adelantado de hombres mujeres y niños en situaciones límites, cuya única mirada se dirige al cielo para ver de que lado van a caer los bombardeos intensos.
El resto del mundo contempla  las escenas de escombros y vidas sepultadas mientras continúan con sus avatares cotidianos y después de sentir un escalofrío de tristeza siguen peleando por dólares, euros, amores o el poder alcanzado. No se detiene el planeta, la Bolsa sube y baja, los aeropuertos se llenan de pasajeros, el deportista hace deporte, el magnate cuenta sus finanzas,  el periodista escribe, la mujer da a luz y el niño sonríe o llora por un juguete perdido.
Exactamente igual que la Europa de 1914 o la de 1944. Idénticas escenas que las tomadas por reporteros  mientras en los hornos se cremaban a judíos y se los exterminaba en campos de concentración.

La dignidad humana se perdió entre las filas de desaparecidos y asesinados sin nombre cuyo recuerdo debería servir para que en la actualidad, desde todos los infinitos medios creados, asombrosas combinaciones electrónicas , surgiera una voz unánime que gritase y sobre todo que obligara a quienes están detrás de estas órdenes destructivas a detener la infame tragedia de Siria.
No hemos avanzado en nada. El hombre sigue siendo un vampiro para el hombre.

                                                                                             
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

1 de marzo de 2018

UNA PREGUNTA

El azar que rige nuestras vidas se empeña a veces en proporcionarnos circunstancias pequeñas, casi mínimas, que sin embargo nos llevan a reflexiones inesperadas pero interesantes. Uno de esos azares hizo que días atrás saliendo del centro de salud instalado en Leganitos coincidiese con la entrada al colegio de un gran número de alumnos de diversos cursos y por lo que ví, de aún más diversas nacionalidades, culturas y hasta razas. Alumnos revoltosos y alegres cuya cantidad hacia notar sobradamente la insuficiencia del centro, exiguo local para acoger a una aglomeración tan elevada de chiquillos y chiquillas que esperaban el momento de pisar las aulas.
Continuando con el azar, hube de tomar mi camino mirando al norte y encontrarme de frente con el Albergue África. Creo que en la actualidad su función es la de albergue juvenil, aunque aprecié en la entrada de sus instalaciones un vacío y una dejadez que me dejó momentáneamente perpleja y en especial pensativa.
Mi mente reaccionó con rapidez, relacionando al instante los dos edificios que se encuentran muy cerca el uno del otro y sobre los cuales me interrogué casi involuntariamente.
El albergue lleva años desempeñando unas funciones vulgares y no acordes con su gran tamaño y el lugar que ocupa. En la práctica poco sabemos de su utilidad y del por qué de su abandonada imagen. A primera vista parece verdaderamente desaprovechado. Al mismo tiempo, unos metros más abajo, una inmensa cantidad de escolares, conviven con ahogo y falta de espacio en aulas abarrotadas y también descuidadas. Los edificios parecían hablar en su mudez y quietud de un posible arreglo entre ellos mismos, si alguien se preocupara de organizarlos.
Y aquí entra mi pregunta de hoy, a quien corresponda de este municipio nuestro en el que tantas pequeñas y grandes cuestiones duermen el sueño de los justos en las abarrotadas mesas de los que lo rigen y ordenan. La precariedad de colegios es algo que de tanto resaltar se nos convierte en consuetudinario y aburrido. Cuando hay suelo y se ofrece, no hay dinero para financiar las obras en relación con nuevos centros. Lo uno por lo otro hace que nuestros chavales aprendan antes que nada el fenómeno de la hacinación, la estrechez y la falta de medios del profesorado.

Mi pregunta es sencilla y fácil: ¿No podría utilizarse el albergue África como colegio ya que cuenta con espacios sobrados, instalaciones deportivas, jardines y creo que todo lo necesario para su instalación? ¿Por qué nadie toma en consideración este tema que mi memoria quiere recordar como “dejá vu”, es decir, como una idea antigua que se dejó morir, como tantas veces, por falta de iniciativa firme?
A veces lo más sencillo queda abandonado por las ínfulas que gastamos en retórica sobre planes y proyectos grandilocuentes que al final acaban en eso, palabrería política, generalmente electoral. Y haría falta gente normalita que atendiendo a los pequeños problemas que el ciudadano en sus conversaciones de café comenta, llevase a cabo algunas remodelaciones y arreglos como el que ese día el azar puso en mi mente.
Lo peor de todo es que una gran edificación como fue en su momento el albergue África no rinda y de de sí todo lo que debería en beneficio de la ciudad, mientras sus instalaciones van perdiendo prestancia y se deterioran tristemente. Y lo malo también es que cada curso comience con escolares en prefabricadas aulas mientras edificios idóneos parecen dormir su utilidad.
Se que nadie va a contestar a mi pregunta, como tampoco lo harían si personalmente lo preguntase a quienes nos gobiernan. Están demasiado entretenidos en sus proyectos superiores de alto nivel adquisitivo para una ciudad que se considera para ricos. De lujo, como suelen decir.
A los demás nos preguntan poco. A la hora de votar, volverán de nuevo las sonrisas. Y la hipocresía.
                                                                                            
Ana María Mata

(Historiadora y Novelista)   

11 de febrero de 2018

WATERLOO


El nombre arriba expuesto ha cruzado la frontera histórica y geográfica y pocas personas habrá que no conozcan el significado semántico que lo relaciona con el desastre .Todos los nacidos después de 1815 sabemos que en un momento de nuestras vidas hemos padecido o padeceremos un pequeño Waterloo. La actualidad lo ha puesto de moda por arte y gracia de un supuesto cónsul de la igualmente supuesta republica catalana que ha tomado la decisión de trasladarse a vivir al lugar que fue la tumba política del emperador de los franceses.
Con ello, de manera más o menos voluntaria parece decir, como lo hizo en los mensajes telefónicos mandados a Comín, que en el fondo admite su derrota, aunque lo haga desde un palacete ajardinado con vistas al camposanto donde reposan los cadáveres de las víctimas de la batalla. Podría haberlo hecho desde la isla de Santa Elena, donde seguramente encontraría un hábitat más razonable que este de los cuatro mil quinientos euros mensuales.  Es posible que su mente no esté para estos pequeños detalles.
Hemos entrado en la fase de lo grotesco. Además de los paseos cotidianos con bufanda al cuello, sonrisa perenne de quien parece querer decirnos que los equivocados somos los demás, el señor Puigdemont se  atreve con la Historia, aunque sea tomándola del revés. Porque hay que tener bemoles para que un señor con pretensiones casi napoleónicas escoja para vivir fugado un lugar llamado Waterloo.
El ex-catalán se atreve con todo incluso con la desesperación de sus seguidores que no saben como salir del atolladero donde los ha metido de cabeza. Y lo peor es que nadie de su alrededor parece dispuesto a decirle que la realidad se parece muy poco a lo que captan sus ojos. Para la CUP es el traidor que apuñaló el “procés” en el último minuto. Para ERC, es el cobarde que huyó de España mientras Junqueras era conducido a la cárcel en un furgón policial. Y para la mitad del PDECat es el obstáculo que impide encontrar la solución política que acabe cuanto antes con la vigencia del 155.
Para hacer bailar con ruedas de molino su ego de megalómano le han propuesto nombrarle presidente simbólico, con honores si quiere retroactivos, si permite que después se produzca la investidura efectiva de un presidente que se encargue del día a día.
Antes o después, no nos extrañaría que acabase aceptando. Lo hará porque la alternativa serían unas elecciones a las que no podrá presentarse porque el Tribunal Supremo lo habrá inhabilitado antes. Y entonces, ¿Qué pasaría?  ¿Cuánto tardarían en olvidarle? ¿De qué viviría?...
Una salida honorífica le proporcionaría al menos un proyecto vital aunque fuera muy lejano del que tanto parece haber soñado. En el íntermedio, no sé si habrá pensado, en algún momento racional, en la devastación que está produciendo en Cataluña su ofuscación por una investidura que está fuera de juego desde todos los ángulos donde quiera mirársele.
Al paso del tiempo la historia lo recogerá como un sujeto empecinado en el poder que quiso saltarse las reglas del juego en aras de su propia idolatría.
Es triste que a los pueblos – y Cataluña lo es - afortunados en economía y finanzas, en recursos y cultura, le surjan de golpe personajes como estos, iluminados cerriles con la siempre creencia absurda de la redención no solicitada.
Ya que está en Waterloo no le vendría mal un repaso a los libros y comprobar que después del desastre se restauró la corona de Luis XVIII  y Napoleón fue exiliado a Santa Elena.                           
                                 
Ana María Mata    

(Historiadora y Novelista) 

29 de enero de 2018

SOBRE LA SANIDAD

Solemos afirmar que las dos cuestiones capitales de un país son la Sanidad y la Educación. Y lo remachamos con la idea de que España tiene una sanidad muy alta, mejor que cualquiera de los países de Europa. Es cierto que nuestra Seguridad Social alcanza cotas elevadas comparándola con otros lugares y también que fuimos uno de los primeros en crearla en aquellos tiempos en los que el franquismo lo invadía todo.
Estos planteamientos que son imbatibles se dan de bruces con algunos problemas de la más acuciante actualidad. En el momento actual, y por causas que pueden ir desde los flecos de la crisis hasta  algunos desvíos monetarios indebidos (tal y como está la cosa judicial no sería de extrañar), lo cierto es que nuestra sanidad flaquea hasta términos alarmantes.
En días anteriores dos sucesos trágicos nos han ensombrecido hasta límites altísimos: el fallecimiento en el Hospital de Quesada (Úbeda) de una mujer a la que dejaron sola en urgencias doce horas sin ser atendida y sin que nadie del centro se preocupara por su estado, y un poco después otro caso similar en un hospital de Antequera, al que llegó un paciente de 43 años aquejado de síntomas de ictus, y que falleció mientras esperaba durante cinco horas el resultado de unos análisis. Este paciente que debió ser atendido con la prontitud que se aconseja en los casos previsibles de ictus, en los cuales la rapidez es lo esencial, dice a las claras las deficiencias que arrastran los hospitales andaluces para que ningún facultativo ni enfermera se percatasen de la gravedad de lo que al final ocurrió, la muerte de ambos por abandono durante la espera.
La vida de un ser humano es única y cuanto acontezca tras ella puede resultar anecdótico pero no importante para el fallecido. Que ahora se tomen medidas y se convoquen reuniones o sesiones extraordinarias para analizar los fallos, así como la defensa de la consejera de Igualdad sobre los protocolos de acompañamientos de usuarios de centros de mayores en urgencias, no aporta valor alguno a las consabidas pérdidas y solo son referencias a cuestiones administrativas para intentar desviar la atención de los familiares y periodistas.
La Sanidad española tiene en la actualidad graves problemas de personal que recaen en los mismos médicos y auxiliares que trabajan en ella, a los que se les sobrecarga, en un único interés de no contratar a los que hacen falta, aludiendo a problemas de economía general.
El Estado permanece sordo a estas cuestiones, sin advertir, o volviendo el rostro hacia otro lado, que la fortaleza y sobre todo la dignidad de un país está en juego cada vez que ocurren casos como los citados. De nada vale la medicina preventiva y los gastos en recomendaciones publicitarias sobre como actuar en casos puntuales si luego un hombre y una mujer mueren dejados de lado en una sala de un hospital.
Estamos viviendo un tiempo esperpéntico a escala nacional en el que todos somos conscientes de que lo único relevante para el Gobierno de la Nación es lo que va ocurriendo minuto a minuto en Cataluña. El llamado “process” envuelve como una tremenda tela de araña al país entero, a los medios de comunicación, a las redes sociales y por lo que vemos, corremos el peligro de que nos trague sin remedio.
Mientras, la vida de la ciudadanía debe continuar sin que en todos estos ya largos meses se hayan redactados leyes de importancia, convenios sociales, normas ciudadanas y demás tratados por los que, imaginamos, los señores diputados asisten a un Congreso en el que día a día se analizan los pasos del fugado señor Puigdemont como si de una serie por entregas se tratase.
Resulta vergonzoso que se difumine la vida del ciudadano al que más tarde se le pedirá el voto, en aras de un caso casi novelesco o policial.
Mientras, en hospitales que no son de esa región, la gente fallece porque nadie se ha dado cuenta que de que falta personal para atenderlos. Lamentable y dramático.
                                                                                       
Ana María Mata
(Historiadora y Novelista)

16 de enero de 2018

MACHISMO Y VIOLENCIA

La mujer lo ha tenido duro desde casi, casi, su aparición en el mundo. Tras la bromita divina de la costilla de Adán hasta el día de hoy, el recorrido ha sido una constante carrera de obstáculos cada uno de ellos peor que el anterior.
Limitándonos a nuestro país, hasta 1841 no pudo entrar en la Universidad, y para entonces, Concepción Arenal hubo de hacerlo disfrazada de hombre. Conseguir el  voto fue tarea ardua que llevó al enfrentamiento incluso de dos mujeres destacadas, Victoria Kent, y Clara Campoamor, debido a la reticencia de la Kent a la influencia del clero en la mujer. Por fin lo consiguieron en 1933, dos años después de la proclamación de la 1ª República.
El Fuero del Trabajo promulgado en 1938 en la zona nacional limitó el trabajo únicamente a las que estaban solteras o eran viudas, y no fue hasta 1975 cuando dejaron de necesitar la autorización del marido para abrir, por ejemplo, una cuenta bancaria.
Su situación de inferioridad, conculcada por leyes y normas ha llegado a la actualidad en lo que al dominio masculino se refiere, puesto que el hecho de incorporarse al trabajo, poseer una libertad y ser, en apariencia al menos, dueña de sus actos, no implica la igualdad tan deseada en lo cotidiano y lo personal.
El número de mujeres asesinadas en 2017 llegó a ser más de cincuenta. Podrían ser menos, pero el grave problema seguiría existiendo. La percepción masculina de la idea de amo y señor es una consigna impresa en el cerebro de algunos hombres por muy modernos que aparenten ser. “La maté porque era mía…” decía una vieja copla que resume en una frase el fondo auténtico de una cuestión tan espeluznante.
En el instante y lugar que una mujer crea cualquier tipo de compromiso con determinados varones, estos se sienten absolutamente dueños de su vida y actos, hasta los más insignificantes, que deben ser controlados por ellos. La vacuidad que el pensamiento varonil experimenta al pensar ( o imaginar)  que la persona del sexo opuesto que él creía domesticada piensa por ella misma y hasta decide, es tan extensa, que el orgullo le impide razonar. Desaparece entonces el logos, el hombre racional y se convierte en fuerza motora, depredador y hasta asesino.
Ciertos hombres no aceptan de ningún modo que la mujer les supere en casi nada, porque eso supone para ellos una disminución de su hombría durante tantos siglos afamada y gloriosa.
El silencio es el mandato patriarcal y machista por excelencia. Durante siglos se mantuvo la expresa prohibición a las mujeres de tener conocimiento, leer, escribir, hablar en público…Ese pacto de silencio forjado sobre el miedo de ellas, la violencia de ellos y la indiferencia de la mayoría, ha conseguido normalizar el abuso, el maltrato, e incluso generar la plaga de violaciones en la que vivimos ahora.
Pero el silencio, al menos, se ha roto. En España desde Ana Orantes, la mujer que fue quemada por su marido tras una denuncia en la televisión, y las miles de voces de mujeres que tomaron el relevo, lo están haciendo añicos con una fuerza desconocida hasta ahora. Millones de mujeres en todo el mundo han dicho se acabó.
Hace falta que ese grito unánime sea escuchado por jueces, policias, y especialmente por el entorno real en el que se desarrolla las vidas de las mujeres cuya integridad física esté en peligro.


La sociedad ha de sentirse involucrada hasta el máximo en una tarea que la califica sobremanera desde sus más profundos cimientos.
Una mujer no puede ser jamás objeto de posesión, entretenimiento amoroso o segunda y relegada parte de un compromiso por muy afectuoso que este sea.  Una mujer es un ser independiente y libre, dueña de su vida y actos.  Como el otro que pueda tener enfrente y casualmente ser un hombre.
                                                                                         
Ana María Mata 
(Historiadora y Novelista)